Sin embargo, ella ahora lamenta haber dejado el Perú porque extraña a sus hijos. Además, asegura que no puede irse a casa, porque de ser así, tendría que volver a recorrer todo el camino de vuelta a Estados Unidos como ilegales. En otras palabras, la ilegalidad restringe seriamente la movilidad de Marco y María, quienes además sienten que tienen que esconderse porque no tienen papeles de identidad en Estados Unidos. Al respecto, él dice: Tengo un carro y manejo al trabajo todos los días. Esta es la única forma de moverte en Los Ángeles. Pero no tengo licencia de conducir. Si la policía me detiene un día, podrían deportarme. Entonces, dos de las formas más populares de conseguir la residencia legal, y eventualmente la ciudadanía en la sociedad anfitriona, es a través de la reunificación familiar o casándose con inmigrantes que ya tienen permisos de residencia permanente o la ciudadanía, o quizá con un ciudadano nativo. En el capítulo 4 me ocupé extensamente del uso que los peruanos hacen de la primera estrategia como un medio para crear redes y «jalar» parientes y paisanos de su pueblo. El siguiente caso muestra cómo es que los inmigrantes buscan legalizar su estadía en Estados Unidos empleando la segunda estrategia, que para muchos es la vía más directa hacia la obtención del estatus legal en el país en el que viven. Sin embargo, y tal como lo sugiere la historia de Silva, dicho plan puede involucrar ciertos cambios dramáticos en sus vidas. Silvia Cuando me encontré con Andrea y Silvia por segunda vez en Miami, en 1998, las dos hermanas ya eran residentes legales en Estados Unidos. Andrea había conseguido una green card permanente en 1994, luego de casarse con Amador, un hombre de ascendencia cubana que era un inmigrante legal al momento del matrimonio. Mientras tanto, dos años después, Silvia se había casado con Danny, un estadounidense de Illinois, un arreglo que inicialmente le dio una green card temporal y que, después de esperar otro año, le daría el derecho a solicitar el permiso de residencia permanente. Aunque las dos llegaron a Estados Unidos como «espaldas mojadas» y compartieron muchas experiencias como inmigrantes indocumentadas, y a pesar de que ambas se casaron con hombres que eran inmigrantes legales o ciudadanos estadounidenses, sus vidas tomaron distintos rumbos. Andrea se casó con Amador por afecto; el interés de Silvia por Danny fue más pragmático: salir de la ilegalidad. 270
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