japonesa en general; es más, su condición de ilegal le impide viajar fuera del Japón para visitar a su familia en el Perú. En realidad, en su situación actual, la única opción que tiene es casarse con una nikkeijin que ya tenga la residencia legal en el Japón, y así conseguir el derecho a tener un permiso de residencia temporal, o dejar el país, con el riesgo inminente de ser detenido en el aeropuerto como inmigrante indocumentado. Por último, su testimonio documenta cómo es que los peruanos diseñan las estrategias migratorias que les permiten entrar y salir del mundo de lo legal y lo ilegal, no solo en el país en el cual viven, sino también en los del Primer Mundo152. Linda En 1991, Linda, nacida en el Callao, de padres peruanos sin ascendencia japonesa, se casó a los veintiocho años con un sansei peruano. Ese mismo año, la pareja viajó al Japón. Como esposa de un nikkeijin, Linda obtuvo un permiso de residencia de tres años, que puede renovarse indefinidamente. Después de algún tiempo, ella aprendió a hablar un poco de japonés y fue contratada por un tendero peruano para que le ayudara en su negocio. Gracias a este empleo, puede enviar la mayor parte de sus ingresos al Perú para mantener a su familia. Durante los últimos diez años, estas remesas no solo proporcionaron a sus padres un ingreso mensual, sino que también les permitió pagar un préstamo destinado a apoyar a una de sus hermanas menores, que viajó a Estados Unidos para estudiar por dos meses. Aunque Linda está feliz de que su hermana tenga esta oportunidad, cree que fue una mala inversión porque tuvo que regresar al Perú después de dos meses porque no podía encontrar trabajo. Además, el compromiso de enviar remesas y pagar el préstamo impidió que pudiera ahorrar parte de sus ingresos para sí misma y, por ende, no ha podido volver al Perú para visitar a su familia. Cuando la entrevisté en 1999, dijo: No he regresado desde que llegué al Japón. Todo el dinero que he ahorrado hasta ahora lo usé para apoyar a mi familia. Pero el próximo año mis padres habrán cancelado el préstamo y entonces estaré libre para ahorrar el dinero que gano y regresar a Perú. Un año después de dejar el Perú, Linda, que en ese entonces era la única de su familia que había emigrado, «jaló» a uno de sus hermanos menores al Japón, quien ingresó al país con una visa de turista y encontró empleo en una fábrica a través de un contratista nipón. Tres meses más tarde, su visa se venció y pasó a ser un inmigrante no autorizado. Sin embargo, 257
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