condición de ilegal hace que le resulte difícil encontrar trabajo en las fábricas, como lo hacen la mayoría de los demás inmigrantes, u obtener los documentos de identidad, como la licencia de conducir. Pero a pesar de estos obstáculos, él tiene pocos problemas para encontrar trabajo. Según él: Siempre es posible encontrar contratistas dispuestos a contratar trabajadores ilegales; además […] te pagan menos y siempre estás en peligro de ser cogido por la policía, pero aun así vale la pena. Actualmente trabaja como ayudante de un chofer de camión japonés a entregar artículos a las tiendas en Isesaki. Su empleador le paga entre 7 y 8 dólares la hora, lo que es mucho menos de lo que ganan los inmigrantes legales que trabajan en las fábricas (entre 12 y 13 dólares). Por ello, los fines de semana complementa sus ingresos trabajando ocasionalmente para un empresario peruano. Asimismo, Roberto sostiene que la parte más molesta de su vida como inmigrante ilegal es que no ha visto ni a su esposa ni a sus dos hijas en ocho años. Ellas viajaron a Italia en 1999, donde consiguieron la residencia legal luego de casarse, por conveniencia, con ciudadanos italianos. A cambio de este servicio, los hombres les cobraron una cantidad considerable de dinero y les hicieron prometer que se divorciarían una vez que consiguieran los permisos de residencia. Roberto afirma que piensa seguir a su esposa y sus dos hijas en un futuro cercano, y encontrar una pareja matrimonial italiana igual que ellas, para así conseguir la residencia legal. Aunque sabe poco de Italia o de Europa en general, sostiene que esto no es impedimento para reunirse con su familia. Por eso dice que: En Italia todos podemos trabajar como empleados domésticos cuidando ancianos. Espero tener una mejor vida allá que acá. A diferencia de Andrea, pero del mismo modo que Avelino, Roberto inició su trayectoria como emigrante ingresando ilegalmente al Japón como turista. Sin embargo, contrariamente a Avelino, que hoy es un ciudadano español, Roberto no tiene cómo legalizar su presencia en el Japón, que solamente permite trabajar a los nikkeijin. De ahí que haya pasado más de una década como inmigrante ilegal en ese país. Por ello, su historia resulta particularmente interesante porque ilustra los constreñimientos y restricciones que la condición de ilegal les impone a los inmigrantes indocumentados y no autorizados. Constantemente escondido, debe evitar el contacto con las autoridades y con la sociedad 256
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