Barcelona y conseguir otro empleo. […] La visité una vez después de renunciar. Se puso muy feliz. Le dije que buscaría a otra peruana que me reemplazara. Pero nunca encontré nadie que quisiera el empleo. Estoy segura de que la mujer me pondría en su testamento si regreso. Pero no lo haré. A diferencia de muchos de sus compañeros migrantes, Aurora no está indocumentada y consiguió uno de los ansiados cupos, lo que le da derecho a quedarse y trabajar en España, siempre que su empleadora la requiera como trabajadora doméstica. Sin embargo, para ella y muchas otras mujeres peruanas que trabajan gracias a esta modalidad en España, la legalidad es un estatus frágil que pueden perder en cualquier momento. Si su empleadora se rehúsa a renovarle el contrato laboral, ella puede ser obligada a dejar el país o a convertirse en inmigrante ilegal, salvo que consiga un nuevo empleador en un breve lapso. Paradójicamente, esta dependencia de la buena voluntad del empleador hace que Aurora trate a la mujer con cuidado extraordinario, y que la «fortuna» de ambas mujeres quede estrechamente entrelazada. De un lado, la salud de la empleadora se encuentra en manos de Aurora; del otro, su cupo solamente puede renovarse mientras su empleadora siga viva y si es que ella aprueba su trabajo. Entonces, los lazos de interdependencia entre ambas se configuran por unas relaciones de poder que no favorecen simplemente a la primera, sino que podrían, además, ser útiles para la segunda. Aunque Aurora dejó de trabajar para su empleadora catalana y regresó al Perú, esta sigue escribiéndole y pidiéndole que vuelva. Finalmente, la dependencia mutua de esta mujer catalana acaudalada pero solitaria y Aurora, que optó por pasar más tiempo con su familia a costa de poner fin a un contrato laboral que le aseguraba un cupo y la posibilidad de heredar a la empleadora al fallecer, ilustra las muchas capas de significado incrustadas en la industria del cuidado doméstico en la que participan los peruanos y otros trabajadores inmigrantes del Tercer Mundo (Hondagneu-Sotelo, 2001, pp. 114-210; Salazar Parreñas, 2001, pp. 150-196; Zimmerman, Litt & Bose, 2006). Roberto En 1990, Roberto, de cuarenta y seis años, decidió emigrar después de ser despedido de su empleo como chofer de camiones en Lima. Viajó al Japón con una visa de turista, pero se convirtió en ilegal cuando esta expiró. Como no es de ascendencia japonesa, Roberto no tiene derecho a un permiso laboral o a la residencia permanente en el Japón. Además, su 255
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