esta última encontró trabajo como profesora de colegio, pero a finales de 1980 emigró a España. Actualmente vive en Barcelona. A diferencia de sus nueve hermanos, Aurora jamás se casó. Además, en vez de emigrar continuó trabajando en Lima como profesora de colegio, lo cual le permitió quedarse y cuidar de sus padres, hasta que ellos fallecieron a comienzos de la década de 1990. Sin embargo, en 1995 ella decidió visitar a sus hermanos que viven en Barcelona. Viajó primero a Alemania con visa de turista. Una pariente lejana que vive allá le arregló el viaje por tierra a España, país al que entró como inmigrante indocumentada. Ella jamás pensó permanecer allá por tanto tiempo, ni tampoco había planeado ponerse a trabajar. Sin embargo, cuando una catalana le propuso contratarla como empleada doméstica, aceptó la oferta, pues esto le permitiría pasar más tiempo con sus hermanos en Barcelona. En efecto, su empleadora solicitó un cupo que le daría derecho a contratar a Aurora como empleada doméstica. Una vez cumplidos los trámites, ella regresó al Perú, donde permaneció hasta que la Embajada de España en Lima le informó que se le había otorgado el permiso de trabajo. Dos meses más tarde viajó a España por segunda vez, ahora como inmigrante legal con permiso para quedarse y trabajar todo el tiempo que su empleadora lo necesitara. Aunque Aurora fue contratada para limpiar y cocinar, la mujer catalana se encariñó tanto con ella que le pidió que trabajara como camarera personal y le prometió contratar a otra inmigrante peruana para que hiciera el trabajo doméstico. Ella decidió aceptar la oferta, y durante los siguientes dos años acompaño a su empleadora en sus menesteres diarios y en sus travesías regulares entre las dos casas que tiene en España. Sin embargo, después de un tiempo decidió renunciar y regresar al Perú. Aurora se había cansado de pasar todo el tiempo con la mujer catalana y nunca tuvo tiempo para ver a sus hermanos en Barcelona. Pero el motivo más fuerte, quizá, era que extrañaba el Perú, pues nunca quiso quedarse en España. Para ella el asunto es claro: uno no puede comprar el cariño humano con dinero. Asimismo, cree que la mujer que la contrató está muy sola no obstante su riqueza. Por ello, reflexiona: ¿Por qué debía seguir trabajando para la señora? Ella me necesitaba a mí más que yo a ella. Me sigue pidiendo que regrese. Ella me considera su amiga personal, pero esa no es la forma de hacer amistades. Quería que me quede con ella incluso después de que volvió a casarse y se mudó a vivir con su nuevo esposo. Pero yo tengo mi pensión como profesora en el Perú, y siempre puedo regresar a 254
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