seriamente sus planes de apoyar económicamente a su familia, en particular la cuenta del hospital para su padre enfermo. Asimismo, le preocupa cada vez más que su padre fallezca antes de que consiga el estatus legal en Estados Unidos y pueda ir a verlo. Peor aún, su trabajo como empleada doméstica restringe su red social a la familia para la cual labora. Esta coyuntura también le resta tiempo para visitar a otros peruanos y compañeros inmigrantes para expresar sus preocupaciones, intercambiar experiencias y explorar las posibilidades de legalizar su estatus en Estados Unidos. De hecho, comenzó a llorar mientras me contaba los sufrimientos que estaba pasando. Posteriormente se excusó y me dijo que la entrevista la había cogido por sorpresa, puesto que era la primera oportunidad que había tenido de compartir sus preocupaciones con otra persona desde que dejó el Perú. Avelino Antes de emigrar, Avelino, originario del departamento de San Martín, vivía en Lima con su esposa y su hija de diecisiete años. Mientras que su pareja se ganaba la vida como peluquera en su barrio, él era un sinchi; es decir, un policía entrenado para combatir a los grupos terroristas del país. Un día de 1987, Avelino se vio en problemas durante su servicio y tuvo que abandonar sus deberes y emigrar. Al respecto, dice: No te puedo decir lo que pasó, pero simplemente tuve que dejar el país ese mismo día. No tuve elección. Ni siquiera tuve oportunidad de decirle adiós a mi esposa e hija. En esos días siempre llevaba mi pasaporte conmigo, de modo que me dirigí directamente al aeropuerto. Como uno de sus hermanos se encontraba en Barcelona, decidió tomar el primer vuelo a España, país al que ingresó con visa de turista. Después de tres meses, esta se venció y él se quedó como inmigrante ilegal. Posteriormente solicitó asilo político a las autoridades hispanas, gracia que le fue concedida después de unos cuantos meses: No podía decirles que había sido un sinchi, así que dije que había sido perseguido por la policía. En esa época era fácil conseguir asilo. Su nueva condición le permitió conseguir un empleo, y después de unos cuantos meses, una compañía española de construcción y demoliciones lo tomó porque, gracias a su oficio en el Perú, recibió entrenamiento para manejar explosivos. 252
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