Los federales tratan muy mal a los ilegales. Esa fue la peor parte del viaje. […] En realidad tuve suerte, porque una de las chicas del grupo fue violada por la persona de contacto que nos ayudó a cruzar la frontera. Posteriormente, ellos hicieron un segundo intento de cruzar la frontera; esta vez tuvieron suerte. Aunque todos lograron entrar a México en buen estado de salud, dos de los compañeros varones peruanos desaparecieron antes de llegar a Tijuana. El resto del grupo cruzó la frontera entre EE.UU. y México de noche, sin mayores problemas, y prosiguió hasta San Diego, donde se dividió. Aquí Andrea compró un boleto aéreo a Miami, donde fue recibida por «la tía», que la ayudó a encontrar un lugar para vivir. El viaje de Andrea por tierra desde el Perú a Estados Unidos muestra los obstáculos y peligros que miles de peruanos sufren cuando viajan ilegalmente. Su travesía enfatiza cómo es que los emigrantes son transformados en sujetos ilegales en el país receptor, no solo porque no cumplen con los requisitos para la obtención del estatus legal, sino también porque carecen de la documentación para verificar quiénes son. Este hecho también evidencia cómo es que a través de sus propios actos y discursos, los inmigrantes indocumentados reproducen la lógica de la identificación encarnada en los documentos de identidad. Desde el punto de vista del inmigrante indocumentado, los papeles de viaje son sinónimos de la identificación y por ende de problemas, mientras que el anonimato les permite alterar su identidad según las circunstancias. Sonia Sonia, de veinte años, tiene seis hermanos y se describe como la más aventurera de todos ellos. Sus padres provienen de un pequeño pueblo de la provincia de Huarochirí, en el departamento de Lima, pero se mudaron a la capital, donde nacieron todos sus hijos. Sonia encontró empleo en una fábrica de Lima después de terminar el colegio, pero tuvo que dejarlo porque su novio desaprobaba que ella tuviera un trabajo asalariado. Sin embargo, en 1992 ella rompió su compromiso y decidió emigrar a Estados Unidos para encontrar trabajo y comenzar una nueva vida. Sobre esto, nos dice: Mi madre siempre me dijo que fuera independiente, incluso después de casarme. Así que decidí dejar el país y probar mi suerte en otro lugar. Aunque nadie en su familia nuclear había emigrado fuera del Perú, más de cien paisanos de sus padres vivían ya en Houston y Dallas. En efecto, el 250
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx