Peruanos en el mundo

indocumentados y a los inmigrantes no autorizados como extranjeros incontrolados e invasores, otros los consideran indefensas víctimas de la pobreza económica y la injusticia social (De Genova, 2005, pp. 56-94). De otro lado, desde el punto de vista del inmigrante indocumentado o no autorizado, la ilegalidad implica vivir en las márgenes de la sociedad y en la penumbra entre la ley y la criminalidad. Viajar y vivir sin documentación implica el riesgo no solo de ser detenido y deportado al país de origen, sino también de sufrir abusos a manos de la policía local, ser engañado y chantajeado por los agentes de viaje y, en última instancia, ser asaltado, violado o incluso asesinado por los contrabandistas de personas u otros que intentan explotar la situación vulnerable de los inmigrantes como personas sin documentos de identidad y, por ende, con un estatus de «ilegal» (Kyle & Dale, 2001). De ahí que las narrativas de viaje de los emigrantes frecuentemente sean descripciones dramáticas de cómo lograron superar los muchos peligros del viaje, ya sea por astucia o suerte, así como sobre los obstáculos con que se toparon antes de llegar a su destino final (Spener, 2001). Una vez en su nuevo país de residencia, los inmigrantes indocumentados y no autorizados deben tomar empleos, salarios y condiciones laborales que sus contrapartes con documentos y los ciudadanos locales se rehúsan a aceptar, y que, casi siempre, son distintas de las regulaciones mínimas del salario y el mercado laboral en dicho país. Es más, como los inmigrantes indocumentados y no autorizados no tienen documentos de identidad, es posible que se les niegue el acceso a una serie de servicios que otras personas gozan, como por ejemplo arrendar un departamento o casa, sacar un préstamo bancario o solicitar una licencia de conducir; tampoco pueden solicitar protección a la policía de amenazas o delitos, y a menudo son explotados por sus empleadores, quienes se benefician con su carencia de derechos legales. En efecto, en algunos países como Argentina, los inmigrantes indocumentados e ilegales evitan a la policía no solo por temor a ser deportados, sino también por miedo a que les roben o violen. En otros países como Japón, la ilegalidad es considerada un acto criminal y puede ser castigada no solo con la deportación, sino también con la cárcel. Por tanto, las siguientes ocho trayectorias migratorias describen los peligros y dificultades que los emigrantes experimentan en Estados Unidos, España, Japón y Argentina cuando viajan ilegalmente. También ilustran cómo es que en medio de sus intentos de labrarse nuevas vidas en sus nuevos países de residencia, diseñan estrategias y manejan sus entradas 248

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