por lapsos de tres años a trabajar, y que enviarían dinero a sus hermanos menores para que pudieran estudiar. Las primeras en emigrar fueron sus dos hermanas, que viajaron al Japón en 1992. Una vez que lograron entrar a dicho país con visa de turista, consiguieron empleo en una fábrica donde cada una de ellas ganaba casi tres mil dólares. Después de un tiempo, las dos hermanas dejaron expirar sus visas y se quedaron como inmigrantes ilegales. Debido a que enviaban la mayor parte de su dinero a sus padres en Trujillo, el ingreso económico familiar se incrementó sustancialmente. A pesar de ello, al siguiente año su estadía en Japón se vio perturbada inesperadamente cuando la policía japonesa las arrestó y deportó. Pero en vez de regresar al Perú, las hermanas se fueron a Estados Unidos. Al respecto, Cecilia recuerda: Mis hermanas fueron puestas en un vuelo a Miami con conexión a Lima. Pero como viajaron durante Navidad y el aeropuerto estaba muy lleno, lograron escapar de los funcionarios que las vigilaban y entraron a Estados Unidos. […] Entonces fueron a Chicago, donde se casaron con mexicanos y ahora viven allá. Por su parte, ella emigró a España en 1994, país al que entró con una visa de turista y se convirtió en inmigrante ilegal cuando esta expiró. En Barcelona encontró empleo cuidando a una mujer catalana mayor, que posteriormente solicitó un cupo (un permiso de trabajo temporal) a las autoridades españolas. Entonces regresó al Perú, donde estuvo hasta que la Embajada de España en Lima la llamó y le pidió que recogiera su permiso de trabajo. Retornó a España, esta vez como inmigrante legal, y en Barcelona tomó el empleo como cuidadora de la mujer catalana. Como el trabajo requiere que Cecilia viva en el departamento de la mujer, ella ahorra y envía la mayor parte de sus ingresos a su familia en Trujillo. Sobre esto, ella dice: Estoy muy preocupada por mis hermanos menores en el Perú. Espero que puedan estudiar y después encontrar trabajo. Es por eso que envío casi todo el dinero que gano. Mis hermanas en Chicago están casadas y tienen hijos, de modo que no pueden ayudar mucho. Y no creo que jamás regresen al Perú. Aunque la mujer catalana la trata y paga bien, Cecilia no se siente en casa en España; extraña a su familia y no se siente del todo cómoda en ese país. Ella arrienda otra habitación con otra peruana, donde pasa sus días libres: los domingos. Sin embargo, prefiere ocupar ese tiempo en escribir cartas para sus parientes en vez de salir a pasear. Cecilia dice que trabaja 239
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