gustaría regresar a Huancayo, si la situación política cambia en el futuro. Tal vez algún día regresemos al Perú y recuperemos las tierras que perdimos allá. Ana Ana, de cincuenta y siete años, nació en Lima, donde trabajó durante veinticuatro años como profesora de colegio. Su padre también era de Lima, pero su madre nació y fue criada en el Callao. Su esposo, que tiene sesenta años, también es limeño y solía trabajar en el sistema de transporte urbano como gerente del sistema público de ómnibus. Como la crisis económica y política del Perú a finales de la década de 1980 hizo que a Ana y su esposo les resultara cada vez más difícil mantener a su familia y pagar la educación de sus tres hijos, comenzaron a evaluar las posibilidades de emigrar. Un amigo de la familia, que en ese entonces se estaba preparando para viajar a Estados Unidos, sugirió que la hija mayor de Ana se le uniera en el viaje, planeado para llevarlos por tierra a través de América Central hacia México y California. Sin embargo, como ella temía viajar ilegalmente, decidió esperar. Ana y su hija solicitaron una visa de turista en la embajada estadounidense en Lima, la cual les fue otorgada en 1989. Ese mismo año las dos viajaron a Nueva York, donde el amigo que había partido un año antes les ayudó a encontrar un lugar para vivir. Ana regresó al Perú al expirar la visa de turista tres meses más tarde; su hija, en cambio, decidió quedarse y convertirse en una inmigrante no autorizada. A pesar de su estatus ilegal, la hija, que estudiaba ingeniería electrónica en Lima antes de emigrar, pronto encontró empleo en una fábrica que producía aparatos eléctricos. Posteriormente se casó con un puertorriqueño, lo cual le dio derecho a la ciudadanía estadounidense. Después se mudó a Kearney, Nueva Jersey, el pueblo de su esposo. En 1993 la crisis económica del Perú alcanzó su punto máximo, y el esposo de Ana fue despedido debido a que la compañía tuvo que recortar sus actividades. En este contexto, la pareja decidió irse del Perú y posteriormente «jalar» a sus dos hijos más pequeños y a la madre de Ana. Ese mismo año ambos obtuvieron visas de turista para Estados Unidos y partieron a Kearney, donde su hija mayor y su yerno los estaban esperando. Después de tres meses, sin embargo, Ana retornó al Perú a cuidar de sus dos hijos menores, y dejó atrás a su esposo como inmigrante ilegal. No obstante, en 1993 ella viajó a Estados Unidos por tercera vez, ahora mediante el programa de reunificación familiar, gracias a la invitación de su hija, que, como se dijo, ya era ciudadana estadounidense. 232
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx