Peruanos en el mundo

(el Centro Cívico, la universidad, etcétera), y con el tiempo pasó a ser no solo uno de los ciudadanos más acaudalados de la ciudad, sino también una personalidad prominente en su vida social y política. A finales de la década de 1980 invirtió dinero en un gran terreno en las afueras de Huancayo, al que pensaba parcelar y vender. Sin embargo, sus planes no salieron como esperaba. Un grupo de emigrantes rurales invadió la propiedad y levantó allí una de las barriadas más grandes de la ciudad, poblada fundamentalmente por personas desplazadas de otras partes de los Andes por la violencia que el país sufría a finales de los ochenta y comienzos de los noventa. En primera instancia, Silvio pidió la ayuda de la policía para recuperar el terreno. No obstante, a medida que los invasores lograban llamar la atención del público con su lucha por el derecho a la tierra, el conflicto fue convirtiéndose, para él, en una delicada cuestión política, pues recibió amenazas de muerte de Sendero Luminoso y, por ello, tuvo que huir. Así, Silvio y su familia emigraron a Miami en 1990 y se establecieron en Kendall, donde invirtió en bienes raíces los ahorros que había llevado desde el Perú. Del mismo modo que en Huancayo, también compró una gran cantidad de terrenos en su nueva ciudad, a los cuales parceló y vendió a otros inmigrantes peruanos. Con el tiempo, estas actividades empresariales no solamente hicieron de él un hombre muy rico, sino también una persona políticamente influyente en la comunidad peruana. En 1998 fue elegido presidente del capítulo peruano de la AIPEUC, y un año más tarde su esposa creó una organización regional para los emigrantes de Huancayo en Miami, así como una hermandad local en honor del Señor de los Milagros en Kendall (véase el capítulo 6). Actualmente, sus cuatro hijos estudian unos la secundaria y otros en la universidad, y su esposa y él son considerados actores importantes en la preservación de la cultura y la identidad folk peruanas en Miami y en el resto de Estados Unidos. Al preguntársele sobre la visión del hogar y el deseo de retornar al Perú, la esposa de Silvio dice: Estamos bien aquí. Nuestros cuatro hijos están estudiando y dos de ellos han entrado a la universidad. Cuando llegamos a Miami, mi esposo y yo tuvimos que enfrentarnos al establishment peruano porque dijimos estar orgullosos de ser peruanos, y porque deseábamos demostrar nuestra cultura peruana. Pero ahora reconocen nuestros esfuerzos. Por supuesto que debemos seguir luchando. Nos 231

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