Peruanos en el mundo

las propiedades que su padre tenía cuando el Japón y el Perú repentinamente pasaron a ser enemigos, sino que además la familia se vio forzada a esconderse en la granja de un amigo peruano para evitar ser deportada a los campamentos de prisioneros en Estados Unidos. Después de la guerra, sus padres ya no insistieron tanto en conservar las tradiciones japonesas, lo que les permitió a Antonio y a sus hermanos más jóvenes familiarizarse mucho más con la forma de vida peruana e integrarse a la sociedad circundante, cosa que no ocurrió con su hermano mayor. Por ello recuerda cómo gozaban de la libertad para ir a fiestas de «estilo peruano», que encontraba espontáneas y abiertas a la iniciativa individual. Eventualmente, todos los hermanos desafiaron los deseos de sus padres y contrajeron matrimonio con peruanos que no eran de origen japonés. En las décadas de 1950 y 1960, el padre de Antonio viajó al Japón varias veces a visitar a sus parientes. En ese entonces el Perú experimentaba una auge económico y el negocio familiar prosperaba. En consecuencia, fue recibido en el Japón como un héroe: Mi padre dejó el Japón como un hombre pobre que buscaba trabajo en el Perú, y regresó como un hombre rico. En el Perú dio a cada uno de sus sobrinos un collar de oro que valía lo que un carro en Japón en ese entonces. Sin embargo, la relación entre los dos países se revirtió en las siguientes tres décadas. Después de terminar el colegio, Antonio encontró un buen empleo en la sucursal peruana de Nissan en Lima. Pero como deseaba seguir una carrera en la industria automotriz y su padre conocía a un contratista japonés que buscaba trabajadores peruanos, Antonio decidió probar suerte en Japón, donde una nueva ley migratoria de 1990 permitía a los nikkeijin nacidos en el extranjero trabajar temporalmente allá. Apenas llegó, visitó a unos primos, que lo invitaron a quedarse con ellos y a tomar un puesto en una pequeña compañía suya. No obstante, rechazó la oferta porque no dominaba el japonés y porque se sentía alejado de sus primos. Según él, ellos no entendían su posición, pues solo quería ganar dinero y retornar lo antes posible al Perú, ya que su esposa peruana acababa de fallecer y sus tres hijos estaban acá. Además, agrega: Yo tenía un buen empleo en el Perú, pues ganaba quinientos dólares al mes. Solamente fui al Japón porque el contratista me había prometido que podría mejorar mis habilidades y ganar buena plata. En el contrato se me prometió un trabajo similar al que tenía en el Perú. 224

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