Peruanos en el mundo

hablar español en vez de quechua. La siguiente parada fue Miami, donde se siente más cómoda. Al respecto, ella dice: Me siento más peruana ahora. Nunca me gustó Lima. Allá jamás me sentí en casa. En Estados Unidos la gente me ve como una verdadera peruana. Acá estoy más lejos de mi familia y soy más independiente. Y la gente me acepta acá y respeta mi deseo de progresar. Sin embargo, cuando le pregunté si piensa regresar al Perú, me dijo: No, ¿para qué? Claro que extraño a mi familia y a Sarayka, pero siempre puedo ir de visita. Me siento tan en casa acá como allá. Por tanto, para ella, emigrar no fue sino otro paso más en un proceso de toda una vida de duración, por el que se tiene que pasar para progresar. Emigrar quiere decir, entonces, conquistar nuevos mundos y crear nuevas formas de ganarse la vida. De indígena peruano a estadounidense peruano Para Livio y Silvia, la emigración es un medio a través del cual se puede alcanzar la movilidad social. Ambos tenían experiencias previas como emigrantes rural-urbanos, pero se encontraron con que las perspectivas de cambiar de estatus social y étnico, y de labrarse nuevas vidas en el Perú, eran demasiado sombrías. Por tanto, usaron la emigración como una estrategia para progresar. Aunque en Estados Unidos ambos emigrantes tomaron empleos no calificados de baja remuneración, ellos creen estar mejor que en el Perú. No solo ganan más dinero en Miami, sino que además sienten que la sociedad receptora los acepta por lo que hacen y no por lo que son. Y aunque los dos pasaron algún tiempo como inmigrantes ilegales o indocumentados en EE.UU., consideran que esta experiencia fue uno más de los muchos obstáculos en su trayectoria migratoria, que no solo incluyen las barreras legales con las cuales se toparon en Estados Unidos, sino también los prejuicios culturales que les impidieron reclamar sus derechos ciudadanos y alcanzar la movilidad social en el Perú. Por último, en vez de imaginar a su pueblo o región de origen como su hogar, lo asocian, más bien, con el reconocimiento que han alcanzado y las relaciones de confianza y respeto que establecieron en Estados Unidos. En efecto, ninguno de los dos emigrantes sueña con un pronto retorno al Perú. PERUANOS JAPONESES 222

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