Peruanos en el mundo

la familia volvió a reunirse en el departamento de un pariente en San Luis. Sin embargo, como sus padres estaban desempleados y sus hermanos eran demasiado jóvenes para trabajar, ella y Andrea tuvieron que hacerse cargo de todos ellos. Este nuevo papel como cabeza de familia puso en peligro su plan de ahorrar dinero y estudiar para una futura carrera como técnica dental. A ello se sumaba la presión que Fredy, su enamorado, ejercía sobre ella, pues ya quería formalizar la relación que tenían. Por ello, puedo decir que la conocí cuando estaba trazando nuevos planes para el futuro; uno de ellos era emigrar a Estados Unidos, donde Andrea vivía desde 1989. Silvia recién dejó el Perú en 1992, siguiendo la misma ruta que su hermana utilizó tres años antes y pagando la misma cantidad de dinero, cinco mil dólares. Sin embargo, ella no tuvo que atravesar un obstáculo aún más fuerte, pues Andrea fue atrapada por la policía al cruzar la frontera entre Guatemala y México. Silvia tuvo suerte e hizo el viaje sin ser detenida. A pesar de ello, recuerda esta experiencia como extremadamente dura y riesgosa. Ella sostiene que la parte más peligrosa del viaje fue el cruce de noche de la frontera entre EE.UU. y México, y recuerda que: el coyote nos hizo cruzar un río en un grupo. Todos caminamos con el agua hasta el cuello y usábamos palos de bambú para poder respirar. Cuando llegamos al otro lado, todos estábamos mojados y helados, pero tuvimos que esperar hasta la salida del sol. El único equipaje que pudo llevar consigo fue una pequeña mochila con unas cuantas prendas de vestir y el dinero destinado para comprar alimentos y pagar el alojamiento. «Es por eso que nos llaman espaldas mojadas», añade sarcásticamente. En Estados Unidos se dirigió primero a Los Ángeles y luego fue directamente a Miami, donde Andrea la estaba esperando. Silvia proviene de una de las regiones más pobres del Perú y de uno de los estratos sociales más marginales, de modo que para ella todo sueño de una vida mejor comienza mudándose a la ciudad. Para ella emigrar es sinónimo de movilidad social y una parte esencial de su lucha por «progresar» y crearse su propia vida. Ella dejó su pueblo nativo quechuahablante en la sierra andina del país porque era la única forma de mejorar sus condiciones de vida. Su primera parada fue Lima, donde un mundo mestizo hostil la obligó a esconder su ascendencia andina y a 221

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