en el mundo, dan forma a sus prácticas e imaginarios. Llamo a lo primero transnacional, y a lo segundo diaspórico. Metafóricamente, la diferencia entre los dos conceptos es la que existe entre la lluvia que cae desde arriba y las plantas que crecen desde el suelo. De este modo, la transnacionalidad transmite la naturaleza elusiva de los procesos contemporáneos de emigración y la naturaleza móvil de los estilos de vida modernos, pues hace referencia a las fuerzas económicas, sociales y políticas que forjan los vínculos de los migrantes con el Perú y su región o comunidad natal. La diáspora, de otro lado, expresa la multifocalidad que configura su conciencia global, y hace que cuestionen el estatus que las sociedades receptoras adscriben a los inmigrantes. El concepto refleja así las relaciones sociales y los imaginarios culturales que emergen a partir del arraigamiento en localidades ya existentes, y su enfrentamiento con la población nativa dominante y otras minorías étnicas. DISEÑO DE LA INVESTIGACIÓN Estoy visitando un restaurante llamado Ninoska, en Barcelona, que sé es propiedad de una pareja peruana de la ciudad de Huancayo. Desde afuera no se ve distinto de otros restaurantes en Barcelona, y adentro el barman se ve igual que cualquier otro catalán. Sin embargo, cuando me animo a preguntarle si es peruano, él me ve primero con desconfianza y luego responde estoicamente: «Sí, lo soy». Estoy a punto de proseguir con mi vacilante intento de establecer contacto, cuando una mujer sale de la cocina llamando: «¿Melvin, dónde estás?». Nos miramos entre nosotros con mayor detenimiento, como si una luz repentinamente hubiese caído sobre los tres. La mujer, que se llama Ninoska, exclama entonces, «Yo te conozco, tu solías vivir en Huancayo. Tú eres... Karsten. Sí, eso es, Karsten». Entonces es el turno de Melvin. «Sí, también te conozco». En unos cuantos minutos, todos conversamos intensamente sobre los viejos días en Huancayo. Debido a que los antropólogos tradicionalmente han llevado a cabo su trabajo de campo entre poblaciones en pequeños lugares rurales, a menudo pensaban a sus informantes como parte del hábitat local. También consideraban a la cultura como una unidad discreta y territorialmente limitada, la cual podía examinarse sin prestar atención alguna a las interferencias del mundo externo (Gupta & Ferguson, 1997). Es más, en las monografías clásicas, el campo etnográfico era identificado de modo acrítico con unidades políticas y administrativas tales como la aldea, el 21
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