Peruanos en el mundo

legales y trabajan como empleados domésticos cama adentro, su movilidad física se ve altamente limitada y su mundo se circunscribe al hogar de su empleador. De igual modo, su contacto con la sociedad anfitriona y su participación en las asociaciones y redes de emigrantes son esporádicos. Aunque a menudo establecen relaciones de largo plazo con las personas a las cuales cuidan, su precaria situación legal y aislamiento social impiden que establezcan lazos con otros migrantes o con la sociedad que les rodea. En vez de formar nuevas identidades como inmigrantes o como futuros ciudadanos en los países en donde se han establecido, ellos continúan sintiendo un fuerte apego a su país de origen, y en particular a sus parientes en el Perú. Es tal vez debido a que el significado y el uso de los dos conceptos resultan tan confusos, que los estudiosos de la migración tienden a usar transnacionalismo y diáspora de modo algo indiscriminado. Así pues, lo transnacional podría también ser diaspórico y viceversa. Incluso, como ambos términos transmiten un imaginario contrahegemónico, conllevan el peligro de romantizar a las personas en estudio, así como la reducción de sus prácticas e identidades. La intersección semántica de transnacionalismo y diáspora hace, además, que quienes estudian los procesos contemporáneos de globalización empleen ambos conceptos de modo acrítico. Es posible, entonces, que usen cualquiera de ellos o ambos para referirse a la multifocalidad que caracteriza a la formación de identidad de las poblaciones emigrantes, así como a las comunidades, las redes y lazos múltiples que estas forjan con grupos migrantes en otras partes del mundo y con su país natal. Por ello, evito aplicar indiscriminadamente la noción de transnacionalidad y de diáspora a todo tipo de redes y comunidades de emigrantes, y sigo, más bien, la sugerencia hecha por Butler de identificar y aislar un conjunto de categorías de análisis que sea aplicable a todas las poblaciones emigrantes, y que nos pueda ayudar a distinguir entre aquellos aspectos del proceso de migración que podrían, con justicia, denominarse transnacionales y diaspóricos, y cuáles no (Butler, 2001). Coincido, además, con Brubaker, quien propone que tratemos la diáspora «como una categoría de práctica, proyecto, demanda y postura, antes que como un grupo delimitado» (2005, p. 13). Más específicamente, recurro a estos conceptos como categorías analíticas complementarias, con las cuales explorar cómo es que las relaciones de inclusión y exclusión, que ligan a los migrantes a su país o región de origen, y que conectan los migrantes en un lugar con los de otros lugares 20

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