Peruanos en el mundo

otros inmigrantes, así como para reclamar derechos sociales y políticos. Su interpretación del Señor de los Milagros como un símbolo de todos los sufrimientos por los que pasan al emigrar, no solo los peruanos sino todos los seres humanos, es una tendencia que se aleja de la exclusividad regional y étnica y da paso hacia la inclusión global. En suma, la transformación del significado clásico del ícono como el guardián de la población limeña contra los sismos a protector de las poblaciones inmigrantes del mundo contra la injusticia social y la discriminación étnica guarda importantes implicaciones respecto a la forma en que comprendemos los significados religioso-simbólicos de los cultos regionales y su papel en la formación de comunidades diaspóricas. Teóricamente esto implica que concebimos el universalismo y el particularismo encarnados en imágenes religiosas como tendencias que se complementan en vez de ser contrarias entre sí, y que las pensamos como fuerzas que se hallan potencialmente presentes en el culto, según el contexto histórico y los cambios externos. Entonces, ambas tendencias son inmanentes al Señor de los Milagros, que sirve tanto como un símbolo inclusivo con el cual crear vínculos con otros grupos inmigrantes, la sociedad anfitriona y el mundo más amplio, y como un signo exclusivo de la identidad nacional peruana. ARRAIGANDO AL SEÑOR DE LOS MILAGROS Más allá del intento de crear una organización nacional que abarque a todas las hermandades católicas peruanas en el noreste de Estados Unidos, la odisea global del Señor de los Milagros y la formación de las hermandades en cuatro continentes fue impulsada por una serie de iniciativas locales y en gran medida independientes, y no como parte de una decisión surgida en una parte del mundo que luego se dispersó. La mayoría de las hermandades en Estados Unidos, España, Japón y Argentina fueron fundadas por personas individuales y por pequeños grupos de inmigrantes, que sentían la necesidad de introducir «una parte del Perú» —tal como lo expresara uno de ellos en el Japón— en su nuevo entorno. Estas agrupaciones, además, se manejan independientemente de las instituciones religiosas en el Perú. A pesar de que al principio los inmigrantes se comunican ocasionalmente con la iglesia de Las Nazarenas para pedir ayuda o consejos durante la fase inicial de fundación de una nueva hermandad, estos contactos rara vez duran mucho. Marino, el 208

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