Peruanos en el mundo

asentamiento como una odisea moderna, similar a sus propias experiencias migratorias. Esta representación de la expatriación de la imagen consta de cuatro fases: a) el transporte de la imagen de la iglesia de Las Nazarenas al país receptor; b) la búsqueda de un nuevo hogar para el ícono y la recaudación de fondos para financiar su celebración ritual; c) la formación de hermandades; y d) la organización de una procesión anual para honrar al Señor en espacios públicos de la sociedad anfitriona. El recuento que los migrantes hacen de la expatriación del Señor de los Milagros comienza con los problemas que experimentaron al llevar el ícono a su nuevo entorno. Zoila, la emigrante pionera que llevó la primera imagen del Señor a Florida, cuenta que antes de dejar el Perú envolvió la imagen en tela y la cubrió con cartón, para que nadie pudiera ver lo que era. Aunque los funcionarios de migraciones en el aeropuerto de Miami le dijeron que abriera su equipaje para inspeccionarlo, jamás descubrieron la imagen. Al respecto, Zoila explica: Cuando me preguntaron qué había dentro del cartón, les dije que se trataba de un retrato familiar que había llevado para algunos amigos. Me creyeron y me dejaron pasar […] No quería decir la verdad porque jamás me habrían creído. Los americanos no son como los peruanos. Ellos no creen en imágenes. Es más, si las autoridades de migraciones encuentran algo sospechoso en tus papeles o las cosas que llevas contigo, lo usan como una excusa para rechazarte cuando intentas entrar al país. Así que tuve que contarles otra historia. Pero el Señor llegó acá, eso es lo único que importa. Para esta mujer y los miles de emigrantes peruanos, que se sienten obligados a cambiar o esconder sus documentos cuando viajan a los países del Primer Mundo, la imagen representa una identidad que no debe revelarse a las autoridades de migraciones. Otro aspecto que salta a la vista en los relatos que los emigrantes hacen de la expatriación del Señor es la búsqueda de un hogar para el ícono. Así, la reconstrucción que Raúl hizo del primer intento de los peruanos por encontrar una iglesia en Buenos Aires que se los guardara se convirtió en un relato de viaje en el cual las autoridades eclesiásticas rechazaban al Señor, del mismo modo que muchos funcionarios de migraciones les niegan el ingreso a los inmigrantes del Tercer Mundo. Raúl usó el mismo estilo narrativo para describir el desaliento que lo movió a seguir las flores de color morado en las calles de Buenos Aires, que eventualmente lo condujeron a la iglesia de Nuestra Señora de la Candelaria. En esta versión de la búsqueda de un hogar para el ícono realizada por los devotos, Raúl 204

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