Peruanos en el mundo

reciben el grueso de los inmigrantes del país. De ahí que cuando los peruanos en Nueva York comenzaron a organizar procesiones en honor del Señor de los Milagros en la década de 1970, simplemente continuaron la que ya era una práctica establecida entre los grupos religiosos inmigrantes de celebrar sus santos (como el día de San Patricio) o sus fiestas nacionales (por ejemplo, el desfile puertorriqueño) en las calles de la ciudad (Kasinitz & Freidenberg-Herbstein, 1992; Reimers, 1992). Del mismo modo, en Miami, donde la comunidad cubana y otros grupos inmigrantes latinoamericanos conforman más de la mitad de la población, las procesiones anuales del Señor de los Milagros han pasado a ser un evento público bien conocido en la célebre calle Ocho de la ciudad, que cuenta con la participación de gran número de inmigrantes católicos de origen mestizo o indígena, que se identifican con el significado religioso y la historia étnica de la imagen. En cambio, las hermandades peruanas de Los Ángeles han tenido menos éxito en unir sus esfuerzos para organizar procesiones y dirigir la atención del público hacia sus íconos religiosos. Acerca de este tema, Jorge dice: Sé que hay al menos otras dos hermandades del Señor de los Milagros en Los Ángeles, pero no tenemos contacto alguno con ellas. Nosotros organizamos nuestra procesión en el centro de Los Ángeles, en tanto que ellos lo hacen en otro lugar. Me parece bien. Después de todo, Los Ángeles es tan grande y los peruanos viven por toda la ciudad. En el caso de España, las autoridades locales de Barcelona inicialmente se mostraban reacias a permitir que los peruanos organizaran procesiones en las calles centrales de la ciudad. Entonces, dicha comunidad tuvo que celebrar al Señor de los Milagros en el patio de la catedral, donde se guarda la imagen. Aunque su pedido fue concedido posteriormente, a la hermandad solo se le permite llevar el ícono unas cuantas cuadras alrededor de la iglesia. Miguel, uno de los inmigrantes que fundó la institución, recuerda: Tuve que hacer un montón de papeleos. Recuerdo que escribimos cartas a la municipalidad, la policía, etcétera, y tuvimos muchas reuniones. No fue fácil. Tomó mucho antes de que nos dejaran dar siquiera un paso alrededor de la catedral. Los catalanes no están acostumbrados a ver procesiones en el centro de Barcelona, de modo que tuvimos que explicar todo sobre cómo llevamos al Señor a las calles. 194

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