siglo XVI, para que trabajaran en las haciendas de la costa peruana (Lockhart, 1968, pp. 171-198; Rostworowski, 1992, pp. 135-148). Los esclavos rápidamente aprendieron español, se convirtieron al cristianismo e, inspirados por los españoles, formaron también sus propias cofradías religiosas (Aguirre, 2005, pp. 102-113)130. Asimismo, se vieron influidos por la población indígena de la costa peruana, la cual les enseñó a hacer pinturas murales, que se pensaba agradaban a las fuerzas espirituales que controlan los frecuentes sismos en esta región. Sin embargo, en vez de pintar imágenes de dioses andinos locales, los africanos hicieron murales de Cristo (Rostworowski, 1992, pp. 149-160). En 1655, un terremoto golpeó Lima, desató el pánico entre sus habitantes y causó cuantiosos daños físicos. Sin embargo, según la leyenda del Señor de los Milagros, el muro con la imagen pintada por un esclavo africano seguía intacto (Banchero & Montesinos, 1972), al igual que lo hiciera durante los posteriores y más fuertes sismos de 1687 y 1746, que dejaron a gran parte de Lima en ruinas. Esto hizo que un número cada vez más grande de mestizos y españoles se unieran a la deificación que los esclavos africanos hicieran de la imagen131. Desde el siglo XVIII, una hermandad religiosa organiza procesiones anuales en honor al Señor de los Milagros, las que se inician cada 18 de octubre, y en cuyo transcurso los devotos varones, organizados en equipos (cuadrillas), cargan la imagen a través de las calles del centro de Lima.132 Actualmente hay veinte de estas cuadrillas en dicha ciudad. Las devotas también participan como sahumadoras (mujeres que llevan el incensario) y cantadoras. Junto a los cargadores, ellas están organizadas en una Hermandad de Cargadores y Sahumadoras, fundada en 1878. Otros devotos participan como martilleros (hombres que hacen sonar una campaña para guiar a los cargadores de la imagen), capataces y subcapataces (devotos que dirigen a las cuadrillas) (Rostworowski, 1992, pp. 181-184). En 1996, la hermandad decidió extender la procesión a otras partes de la ciudad, en respuesta a la creciente atención que la imagen había despertado en la población durante las últimas tres décadas. En consecuencia, una multitud de más de un millón de personas participó en la procesión cuando el ícono fue transportado en un camión por Villa María del Triunfo y Villa El Salvador, dos inmensos barrios populares ubicados en la margen meridional de Lima. Esto prueba la tremenda popularidad que la imagen ha ganado entre la población urbana menos favorecida del Perú, que 186
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