Peruanos en el mundo

tienen centro, sino que constan de redes de lazos transnacionales y pasan por alto la paradoja de «lo uno en lo múltiple, del lugar del no-lugar, o del parroquialismo global» (Werbner, 2002b, p. 119). Ellos emergen como redes en la interface entre las instituciones nacionales y las transnacionales, como la Iglesia católica, pero no desarrollan sus propias organizaciones transnacionales. Más bien se ven impulsados por ideasajes o religiosajes (McAlister, 1998, p. 133), ya sea bajo la forma de cultos regionales, movimientos mesiánicos u otros sistemas de creencias. Mi argumento es que al llevar al Señor de los Milagros al espacio público de la metrópoli del mundo industrializado, los peruanos consiguen dos objetivos. De un lado, ellos usan la imagen como una herramienta simbólica con la cual sacralizar el espacio público en los países receptores, y reclamar, de esta manera, ser reconocidos moralmente como sujetos legales con derecho a residir y trabajar en la sociedad receptora. En términos de Agamben, las procesiones revelan la vida desnuda detrás del estatus de los inmigrantes como súbditos extranjeros tolerados mas no reconocidos, y subraya los aspectos morales y humanos de la relación de inclusión excluyente a la que están sujetos en Estados Unidos, Japón y Argentina. Por otra parte, las procesiones permiten a los inmigrantes anclar sus religiosajes en la sociedad anfitriona y localizar su práctica religiosa en sus nuevas vidas. Mientras que el Señor de los Milagros facilita así la adaptación de los inmigrantes a las ciudades y vecindarios donde viven, también los hace visibles como una minoría nacional, que se distingue de otros grupos inmigrantes en los países receptores. Con ello, lo que quiero decir es que esta tensión entre la globalización del significado del Señor de los Milagros y su uso para hacer una demanda universal a nombre de todos los migrantes, y de localizarla y usarla para reclamar una identidad nacional particular, es algo inherente a la naturaleza misma de cultos regionales tales como el del Señor de los Milagros. Dado que estos cultos atienden tanto al particularismo como el universalismo, les permiten a los inmigrantes forjar simultáneamente nuevas identidades híbridas que abarcan no solo a otros grupos minoritarios sino también a la población mayoritaria, y reifican su sentido de pertenencia al Perú, al mismo tiempo que crean nuevos vínculos con la sociedad anfitriona. LA HISTORIA DEL SEÑOR DE LOS MILAGROS Podemos remontar la fe de los peruanos en la imagen misma hasta los primeros africanos que fueron llevados al Perú por los españoles en el 185

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