Peruanos en el mundo

información e ideas desatado por el conflicto en torno a las condiciones laborales de los pastores ya descrito, la ayuda de emergencia y las manifestaciones de solidaridad se canalizan fundamentalmente a través de redes bilaterales que conectan a los emigrantes directamente con su país de origen, y que se activan de tiempo en tiempo debido a emergencias repentinas, como sucedió cuando el fenómeno de El Niño llegó al Perú en 1998, cuando ocurrió el terremoto de Ica en 1993 y cuando estalló la guerra entre el Perú y Ecuador en 1995. Tal como sucediera después de que la prensa y los políticos perdieran interés por las condiciones de los pastores, los momentáneos sentimientos de solidaridad con las víctimas de los desastres naturales y las crisis políticas se desvanecieron con tanta rapidez como aparecieron, una vez que surgieron otros motivos de preocupación. En otras palabras, los vínculos transnacionales constituyen un medio eficaz para que el Estado y las instituciones privadas en el Perú movilicen el apoyo de su población emigrante; asimismo, sirven como un vehículo importante para que los emigrantes expresen su solidaridad nacional y confirmen su lealtad con su país de origen. Sin embargo, fuera de la telemaratón de la AIPEUC a beneficio de las víctimas de El Niño en 1998, la mayor parte de las obras de caridad descritas recurrieron a las relaciones bilaterales existentes entre los emigrantes en lugares específicos de Estados Unidos y el Perú. En contraste con la recolección de ayuda de emergencia para sus compatriotas en el Perú, los movimientos en apoyo de sus compañeros inmigrantes, o para mejorar la imagen que estos tienen en los países receptores, tienden a usar redes de múltiples hebras en lugar de las bilaterales. De este modo, tanto la prensa peruana en Miami —que lanzó una campaña para movilizar el respaldo moral a los inmigrantes indocumentados— como el Consulado peruano y los líderes de las instituciones de los inmigrantes en Japón —que hicieron un llamado público a sus compatriotas para que se mantuvieran lejos del crimen y se integraran a la sociedad japonesa— transmitieron sus mensajes a través de la red de lazos que unen a las comunidades inmigrantes en distintas partes de la sociedad anfitriona, y que entrelazan así a los peruanos de distintos estratos sociales y grupos étnicos. Semejantes movimientos obligan a los inmigrantes a hacerse las siguientes preguntas: ¿cuáles son los valores y símbolos compartidos de nuestra identidad diaspórica? ¿Qué es lo que hace que sintamos que pertenecemos a la misma minoría nacional, a pesar de los intereses de clase e identidades étnicas? En suma, ellos urgen a los 173

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