de campos sociales es una herramienta poderosa con la cual conceptualizar la gama potencial de relaciones sociales, que vinculan a aquellos que se desplazan y quienes se quedan atrás», y en el caso de los campos sociales transnacionales, estos «conectan actores mediante relaciones directas e indirectas a través de las fronteras» (2004, p. 1009). Pries, asimismo, propone que exploremos los procesos contemporáneos de emigración internacional como espacios sociales transnacionales, con lo cual está refiriéndose a las nuevas formas de «redes coherentes entrelazadas» que emergen a partir de estos procesos. Desde su punto de vista, tales espacios sociales son «espacialmente difusos o plurilocales, que comprenden al mismo tiempo un espacio social que no es exclusivamente transitorio» (1999, p. 26). Desde mi perspectiva, sin embargo, el uso de los conceptos de campo y espacio evoca una noción de la migración como un movimiento en un terreno abierto y plano, que las personas pueden cruzar más o menos sin verse afectadas por instituciones económicas y políticas. En vez de examinar la migración peruana como un campo o espacio social que existe independientemente de las estructuras de poder externas, sugiero que veamos sus actividades transnacionales como un movimiento de redes sociales y prácticas institucionales, que, al mismo tiempo, incluyen y excluyen a los emigrantes, en sus esfuerzos por alcanzar el estatus legal, encontrar empleo y crear nuevas vidas (Mahler, 1995; Menjívar, 2000). Dado que muchos peruanos viajan ilegalmente y se ven por ello obligados a depender del apoyo económico de sus parientes y amigos en los países receptores, las redes que usan para emigrar se ven perjudicadas, a menudo, por las tensiones entre aquellos que prestan apoyo a otros y quienes se benefician con dicho respaldo. Por consiguiente, una mirada más cercana a las asociaciones de emigrantes peruanas revela que si bien estas reúnen, con frecuencia, a numerosos emigrantes por razones sociales, culturales o religiosas, también están plagadas de conflictos internos, no solo entre emigrantes de distintos grupos sociales y étnicos en el Perú, sino también entre aquellos que llegaron primero y ya han obtenido el estatus legal y quienes llegaron después y siguen indocumentados. En consecuencia, en vez de asumir que los peruanos comparten un sentido común de pertenencia y que automáticamente forman colectividades homogéneas sobre la base de su origen nacional, exploro tales identidades como categorías que son construidas, impuestas y apropiadas; de igual modo estudio las comunidades e identidades emigrantes no solo en términos de 15
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