reconoce formalmente a todos los peruanos como ciudadanos, no obstante lo cual, en términos prácticos, impide que el grueso de la población ejerza sus derechos legales. En el Perú, esta forma de exclusión tiene como base una ideología nacional que divide a la población en grupos étnicos y regionales (Mendoza, 2000, pp. 9-18; De la Cadena, 2000, pp. 20-34). De un lado, existe un mundo mestizo concentrado en la región costeña, relacionado con la cultura occidental, asociado con el legado nacional peruano y considerado sinónimo de progreso; y del otro, un mundo indígena situado en el interior rural, imaginado como un recuerdo de un pasado bárbaro y un obstáculo a la modernización y el desarrollo (Paerregaard 1997a, pp. 203-233). Aunque los procesos migratorios ruralurbanos en marcha y una severa crisis económica y política en las dos últimas décadas cambiaron el equilibrio del poder entre las clases sociales del país y cuestionaron el orden hegemónico que sostiene las diferencias económicas y desigualdades sociales, estas continúan dividiendo a la sociedad peruana y excluyen a una gran parte de su población del goce de los mismos derechos que las clases dominantes. En consecuencia, muchos consideran que la emigración es la estrategia más adecuada para cambiar de estatus social, y si bien los migrantes a menudo se encuentran constreñidos por nuevos lazos de explotación y dominación en las sociedades receptoras, ellos tienden a ver tales relaciones como un recurso antes que como un obstáculo para encontrar trabajo, alcanzar el estatus legal y ascender en la escala social. Para examinar etnográficamente cómo es que los peruanos crean redes y diseñan estrategias con las cuales primero escapar a la inclusión excluyente, que les impiden ejercer sus derechos legales en el Perú, y posteriormente superar la exclusión inclusiva que frustra su obtención de la movilidad social en las sociedades receptoras, mapeo los lazos y vínculos que establecen entre su lugar de origen en su país y aquellos donde se halla su nueva residencia. Propongo que tales lazos y vínculos sirven no solamente para confirmar su continua lealtad a sus comunidades de origen, sino también para conservar familias que están divididas por las fronteras nacionales (Alicea, 1997; Pribilsky, 2004) y superar las barreras que los inmigrantes enfrentan en las sociedades receptoras (Portes, 2001). Diversos estudiosos han sugerido que empleemos los términos espacio o campo, para estudiar exactamente cómo es que tales compromisos transnacionales se organizan y practican (Rouse, 1991; Levitt & Glick Schiller, 2004; Pries, 1999). Según Levitt y Glick Schiller, «[e]l concepto 14
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx