Peruanos en el mundo

la dura vida en el desierto y en las montañas. Sin embargo, su experiencia con su empleador vasco resultó sumamente traumática y cambió su idea de la emigración laboral a Estados Unidos. En el rancho tuvo la oportunidad de observar cómo es que los empleadores explotan la búsqueda de lealtad y confianza de los pastores, para hacerles aceptar condiciones laborales y de vida que normalmente serían consideradas peligrosas y degradantes. Incluso vio casos de rancheros y capataces que ultrajaban a los pastores. Cuando conocí a Víctor en 1998, en Bakersfield, me dijo que estas experiencias le hicieron advertir que los pastores debían responsabilizarse por su propia vida y limitar su dependencia de la emigración a EE.UU. como fuente de ingreso. De ahí que en vez de regresar al Perú al expirar su primer contrato en 1994, Víctor se quedó cuando venció su visa H-2a y se estableció en Bakersfield, no lejos del rancho donde había estado trabajando. Allí se topó con varios pastores que estaban esperando a que la WRA los transfiriera a nuevos rancheros. Mientras que algunos venían de otros ranchos, otros acababan de llegar del Perú. También conoció a varios otros que habían sido hospitalizados debido a los accidentes de trabajo o a las enfermedades contraídas mientras trabajaban. Mientras que algunos regresaban a los ranchos, otros estaban a punto de ser devueltos al Perú. Víctor descubrió, además, que no era el único inmigrante que había decidido abandonar la cadena migratoria laboral. En efecto, a comienzos de la década de 1990, Bakersfield se había convertido en el centro de un número cada vez más grande de pastores peruanos en California que se quedaban al vencerse su visa H-2a y que se establecían en Estados Unidos como inmigrantes ilegales. Entonces, ya conformaban una comunidad de más de cien peruanos, que se reunían todos los domingos para jugar fútbol y tomar cerveza. Algunos de ellos, Víctor inclusive, se habían casado con mujeres locales de ascendencia hispana y pasado a ser residentes legales. Otros habían solicitado asilo político o pasado años como inmigrantes ilegales, buscando empleo en el sector servicios o como trabajadores fabriles. En respuesta a las muchas necesidades no atendidas de los pastores, Víctor decidió crear una organización que defendiera los derechos de sus paisanos en Estados Unidos. En 1995 formó un sindicato llamado la Unión de Pastores Ovejeros, junto a otros trece colegas y expastores que vivían en Bakersfield. Esta organización fue creada para defender los derechos de los pastores y difundir información acerca de su situación en Estados Unidos y el Perú, y está afiliada a la United Farm Workers of America 146

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