Peruanos en el mundo

forzadas a reorganizarse, inventar nuevas estrategias y encontrar nuevas rutas para adaptarse a las cambiantes políticas inmigratorias. Como Wilpert (1992) muestra en su estudio de la inmigración turca a Alemania, la relación entre las redes y las instituciones de poder es casi siempre sutil en extremo. Es más, no deberíamos ignorar que las fuerzas «de arriba» se reproducen, frecuentemente, a través del propio actuar de los migrantes. Como señala Tilly, las «redes a las que la inmigración dio vida sirven para crear y perpetuar la desigualdad» (1990, p. 92). Así, para pagar su deuda en Lima, Andrea usó el mecanismo del «jalar» a otros y se prestó dinero de una tía en Miami. A cambio, ella tuvo que tomar un empleo con baja paga como empleada doméstica donde una mujer cubana, que era amiga de su tía. Fue solo cuando su tía falleció, en 1992, y que no había nadie que cobrara la deuda, que Andrea pudo cambiar de empleo y solicitar la residencia y el permiso laboral (véase el capítulo 7). ESTRATEGIAS Y TÁCTICAS Sugiero que el estudio de la migración transnacional debería tomar en cuenta las experiencias migratorias previas de los migrantes y las redes rural-urbanas existentes. Cuando se cruzan las fronteras nacionales y se va hacia destinos más remotos y globales, estas redes desempeñan un papel crucial como herramienta organizativa en su lucha por superar los requisitos de la visa y cubrir los costos financieros involucrados en la migración. También sostengo que las fuerzas «desde arriba» tienen una importancia crucial para sus intentos de extender las redes más allá de las fronteras nacionales y crear nuevas formas de ganarse la vida en el extranjero. Como ya se demostró, las peruanas frecuentemente son «jaladas» al exterior por la familia de clase media o alta para la cual trabajan como empleadas domésticas. Es más, muchas de las redes iniciadas por estas mujeres fueron estimuladas por la demanda de empleadas domésticas en las sociedades receptoras. Así, Estados Unidos hace tiempo sigue una política denominada de la puerta trasera, que se caracteriza por pasar por alto el uso de inmigrantes indocumentados por parte de los empleadores locales (Martin 1992, pp. 85-86). También fue la necesidad de mano de obra barata para cuidar de españoles y catalanes ancianos la que abrió el mercado laboral hispano a las migrantes peruanas a comienzos de los noventa, e hizo que el gobierno español trazara una nueva política que permitía el ingreso anual de un número limitado de inmigrantes legales de países del Tercer Mundo. De ahí que las redes 138

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