Peruanos en el mundo

en Estados Unidos o temen que exigirlos moleste a sus empleadores y que esto atente contra su situación laboral y su capacidad de permanecer en el país. En efecto, el hecho de que algunas empleadas domésticas trabajen durante muchos años sin que jamás se les dé un contrato laboral hace que sean presa fácil de la explotación económica. Elvira también me confesó que varios de sus empleadores previos en Miami se rehusaron a pagar su parte del seguro de salud. De igual modo, una de las parientes de Sofía me dijo que fue despedida después de quince años de servicios domésticos para una familia estadounidense, sin previo aviso y sin que se le ofreciera compensación alguna. Por su parte, la mayoría de los migrantes que ingresan a Estados Unidos como «espaldas mojadas» afirman haber sido sometidos a algún tipo de abuso mientras viajaban ilegalmente. Andrea, una mujer andina a la que entrevisté en Miami, me dijo que cuando entró a Estados Unidos en 1989 se trataba en realidad de su segundo viaje. Su primer intento de emigrar fracasó porque la estafó el coyote al que le había pagado para que la llevara a la frontera con EE.UU. En consecuencia, ella fue atrapada por la policía y devuelta al Perú. Ahora recuerda amargamente cómo tuvo que prestarse dinero para el segundo viaje en una agencia en Lima, que ofrece este servicio, a una tasa de interés excepcionalmente alta, a peruanos que quieren emigrar. Y, sin embargo, ella considera que es de las afortunadas, puesto que nada peor le pasó. Muchos «espaldas mojadas» son asaltados, violados o simplemente desaparecen en el camino entre América Central y México. Asimismo, los peruanos han tenido experiencias similares en España. Ya describí la frustrante experiencia de Nely —la prima de Vanesa— en Barcelona, que intentó primero emigrar a Japón pero fue estafada. Un intento posterior de ir a Estados tampoco fue fructífero y ella terminó en España. Al igual que Julia —la otra prima de Vanesa—, Nely viajó primero a Alemania, donde un traficante de personas peruano la recogió y la llevó a Madrid. Ambas mujeres recuerdan que el precio que pagaron fue exorbitante. Los relatos de la experiencia, a menudo amarga, de los migrantes con las relaciones de poder que no controlan, sugieren que deberíamos tener cuidado de no estudiar estas dos formas de globalización —el transnacionalismo desde abajo y el de arriba— como procesos independientes. Aunque las redes de migrantes son un medio importante con el cual «jalar» nuevos integrantes y forjar cadenas migratorias transnacionales del Tercer al Primer Mundo, ellas constantemente se ven 137

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