Peruanos en el mundo

de confianza para pedir ayuda y asistencia para emigrar. En otras palabras, no contaban con ningún mecanismo de arrastre. Decidieron, entonces, viajar a Estados Unidos por tierra, cruzar la frontera como «espaldas mojadas» e intentar encontrar trabajo y algún lugar donde vivir por su cuenta. Al respecto, Raúl dice: Siempre habíamos oído de Estados Unidos y nos pareció que sería más fácil llegar allí que a Europa. Cuando no sabes cómo emigrar o adónde ir, siempre puedes viajar por tierra. Por supuesto que no teníamos ni idea de cómo sobrevivir en Estados Unidos. Pero eso también habría sido igual en otros sitios. Para financiar el viaje, Rosita vendió toda la mercadería que había almacenado en su puesto recién adquirido en el mercado de Huancayo y usó los ahorros para pagarle cinco mil dólares a un agente emigratorio local en el Perú, quien prometió realizar todos los arreglos de viaje necesarios. Raúl, por su parte, seguía estudiando y tenía, por ello, pocos medios con los cuales contribuir al viaje. Sin embargo, para desdicha de la familia, los dos hermanos jamás llegaron a Estados Unidos. Ambos fueron detenidos por la policía en Panamá y devueltos al Perú, con lo cual perdieron todo el dinero invertido. A pesar del fracaso de su viaje, Rosita seguía decidida a encontrar empleo fuera del Perú, pero esta vez consideró la posibilidad de irse a Europa. Dos de sus primas que trabajaban como empleadas domésticas en Milán la animaron a que fuera con sus hermanos a Italia. Sin embargo, para mediados de 1992 la Unión Europea había impuesto nuevos requisitos de visa a varios países latinoamericanos, asimismo, había hecho más estrictos sus controles fronterizos, lo cual elevó el costo que el viaje a Europa meridional tenía para los peruanos. En consecuencia, cuando Rosita decidió emigrar por segunda vez, en 1992, no podía pagar el viaje a Italia y tuvo que buscar otros destinos más cercanos. Por ello, decidió probar suerte en Argentina. Su plan era pasar unos cuantos años allí y ahorrar suficiente dinero para ir después a Italia; una estrategia migratoria seguida por muchos otros peruanos que dejaron su país a comienzos de la década de 1990, en respuesta a las políticas neoliberales del gobierno de Fujimori. Fue así que Rosita hizo el viaje a Argentina a través de Chile en ómnibus, trayecto que le tomó tres días y le costó unos cuantos cientos de dólares. Hasta ese momento no tuvo ningún problema, excepto por el acoso que sufrió por parte de la policía de fronteras argentina, a la que 128

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