Peruanos en el mundo

Alberto y su esposa también emigraron al Japón en 1992, dos años después de que el Japón permitiera a los descendientes de su población emigrante encontrar trabajo temporal en el país. Ambos hablan japonés, a diferencia de la mayoría de los demás nikkeijin peruanos que emigraron allá en la última década, y por ello tuvieron pocas dificultades para adaptarse a la vida japonesa. Al respecto, Alberto explica: Ambos fuimos criados antes de la guerra. En ese entonces todos los japoneses enviaban a sus hijos a escuelas japonesas y se sentían japoneses. De modo que me siento tan japonés como peruano. Él y su esposa intentan apoyar a otros peruanos en Ashicaga. Ellos actúan como traductores cuando otros inmigrantes se comunican con las autoridades japonesas locales y ayudan cuando alguien es hospitalizado. Ante esto, nos dice: Me parece que los peruanos en Japón deberían intentar adaptarse a la forma de vida japonesa. No podemos esperar que los japoneses nos reciban bien si nosotros no hacemos ningún esfuerzo. Finalmente, Alberto dice que no le gustaría volver al Perú porque se siente bien en el Japón. LA RED ARGENTINO-ITALIANA DE CASILDA: LA PERSPECTIVA ABORTADA Casilda nació en 1974 en Huancayo, en la sierra central peruana, donde pasó su niñez y juventud con sus padres y cuatro hermanos. Su padre trabaja como chofer y mecánico de automóviles y su madre regenta un puesto en uno de los mercados locales de Huancayo, donde vende vegetales y hierbas. Hasta 1992, Raúl, el hermano de Casilda, recibía el respaldo económico de su familia para estudiar ingeniería en una universidad en Huancayo, mientras que las cuatro hermanas ayudaban a su madre en el mercado y esperaban algún día tener su propio negocio. Rosita, una de ellas, ya había ahorrado suficiente dinero como para invertir en sus propias mercaderías y se había establecido como vendedora minorista independiente. Sin embargo, los dramáticos efectos del fujishock en 1990 y los años subsiguientes de recesión económica en el Perú forzaron a la familia a buscar nuevas formas de ganarse la vida y a considerar la posibilidad de dejar Huancayo. En 1992, Rosita planeaba emigrar a Estados Unidos con Raúl. Como en ese momento la familia no tenía ningún pariente cercano fuera del Perú, los dos hermanos no podían recurrir a ninguna red existente o a relaciones 127

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