tuvo que sobornar para que la dejaran ingresar al país con una visa de turista. Con la ayuda de dos primas que habían llegado poco antes, Rosita rápidamente halló trabajo como empleada doméstica de una familia argentina en Buenos Aires, unos tres meses después de que se le venciera la visa y se convirtiera en inmigrante no autorizada. Aunque su empleo le permitía solicitar un permiso de trabajo temporal, para así conseguir el estatus de inmigrante legal, ella prefirió no hacerlo. Situación que explica así: ¿Para qué pasar por todas las molestias de hacer un montón de papeleos y pagar varios cientos de dólares para solicitar un permiso de residencia, cuando solamente deseaba pasar un año o dos en el país? Ya en 1993, Rosita regresó al Perú para convencer a Casilda y Amanda, sus hermanas menores que aún vivían en Huancayo, de que se le unieran en Buenos Aires. Al año siguiente viajó a Argentina por segunda vez, ahora acompañada por Casilda, quien consiguió trabajo como empleada doméstica a poco de su arribo. En 1994, Amanda siguió a sus dos hermanas, quienes le ayudaron a conseguir trabajo como empleada del hogar de una familia argentina. De este modo, las tres hermanas pasaron los siguientes tres años en Argentina trabajando como empleadas domésticas. Esto les permitía enviar parte del dinero que ganaban a sus padres en el Perú, y ahorrar para proseguir con su plan de emigrar a Italia. En 1997, Rosita finalmente decidió viajar a Europa. Primero regresó al Perú, donde le pagó a un agente de local para que le arreglara el viaje a Italia. Fue así que partió hacia Alemania, donde ingresó con visa de turista, y prosiguió luego hasta Milán. Con ayuda de sus primos encontró trabajo como empleada doméstica de una familia italiana, con un sueldo que casi duplicaba el que tenía en Argentina. En 1998 se benefició con la amnistía que el gobierno italiano concedió a todos los inmigrantes indocumentados en el país, y un año más tarde recibió un permiso de residencia permanente. Para ese mismo año había ahorrado suficiente dinero como para invitar a Raúl a que se le uniera, y en 1999 este viajó a Europa e ingresó a Italia como inmigrante indocumentado. Recién llegado, pasó varios meses buscando trabajo y viviendo, mientras tanto, del apoyo que le su hermana. Luego consiguió empleo en un taller de mecánica pero renunció a los dos meses, porque el propietario italiano se rehusaba a pagarle su salario. Cuando conocí a Raúl en Milán, en 1999, me dijo: 129
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