Peruanos en el mundo

arrendó una habitación con una pariente de Telmo, su enamorado en Trujillo. Sin saberlo, Vanesa había elegido el momento apropiado para entrar a España. No solo llegó un año antes de que la mayoría de los países europeos levantaran la dispensa de visa para los peruanos, sino que además llegó tres días antes de la fecha límite del 18 de mayo de 1991, fijada por el gobierno español en el proceso regulador de aquel año, para el otorgamiento de la residencia a los inmigrantes indocumentados que ingresaran a ese país. Acerca de este momento, ella dice: ¡Te imaginas! Primero llegué a Madrid y ahí no había nadie que me ayudara. Pensé hasta regresarme al Perú. Y luego resultó que había llegado apenas un par de días antes de que la amnistía terminara. Cuando llegué a España, jamás imaginé que tendría tanta suerte. Eso resolvió todos mis problemas. Piensa en todos los que llegaron después. Algunos de ellos siguen peleando con los trámites. En efecto, Vanesa se convirtió en residente legal en menos de un año. De este modo, Telmo decidió darle el alcance en 1992. Al igual que ella, Telmo originalmente planeó ir a Estados Unidos, donde vive su padre. Pero debido a que sus padres están divorciados, la opción de ir a España le resultó más atractiva. Además ya tenía una tía y varios primos que vivían allí. Actualmente, Telmo trabaja en una fábrica y gana lo que él considera un salario razonable; mientras que Vanesa tiene tres empleos a tiempo parcial en los que se dedica a la limpieza de casas de mujeres catalanas jubiladas. La pareja vive en un departamento alquilado; ellos han formado un hogar con Marc, su hijo de dos años, quien nació en España y que es un ciudadano de ese país. Aunque el control migratorio hispano se endureció en la década de 1990, Vanesa logró «jalar» a varios de sus parientes gracias al sistema de cupos; es decir, a los permisos de trabajo anuales que el gobierno español otorga a distintos grupos de inmigrantes. En 1995, ella y Telmo pudieron llevar a Julia, una de las hermanas de Vanesa. Ella viajó primero a Alemania con visa de turista y luego prosiguió a España por tierra, asistida por un agente peruano contratado para que la dejara en Barcelona. Con la ayuda de Vanesa, Julia encontró a una mujer catalana jubilada que estaba buscando una empleada doméstica, y que estaba dispuesta a solicitar el cupo requerido para contratar una trabajadora extranjera. Julia regresó entonces al Perú y esperó a ser llamada por la Embajada de España en Lima para que recogiera sus documentos. Fue así que cuando viajó por segunda vez 123

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