inseparables» (Coutin, 2000, p. 10), esto no quiere decir que las políticas inmigratorias siempre tengan éxito en controlarlas. En realidad, dichas políticas rara vez resultan efectivas o son consistentes, puesto que los intereses económicos y políticos que llevan a los países receptores a regular la inmigración tienden a ser conflictivos (Brochmann, 1999a; Martin, 1992). Además, dado que las redes de emigrantes están conformadas por relaciones informales basadas en el parentesco, el vecindario, la amistad y el sentido de pertenencia de sus componentes a su lugar de origen, pueden cambiar fácilmente de forma y dirección, y adaptarse —en un contexto de migración internacional— a las modificables políticas migratorias y del mercado laboral (Balán, 1992; Singhanetra-Renard, 1992, pp. 198-201). Como señalaran Gurak y Caces: [d]ado que las redes no son definidas normativamente, al menos en su origen, ellas pueden asumir una serie de formas —según las condiciones así lo requieran — con mayor facilidad que estructuras más institucionalizadas como las familias y las organizaciones formales81 (1992, p. 152). En efecto, en lugar de prevenir la migración del Tercer Mundo, los controles inmigratorios de los países desarrollados a veces logran exactamente lo opuesto al promover, en realidad, el desarrollo de las redes de migrantes. Al respecto, Wilpert (1992, p. 178), quien estudió la inmigración de los llamados trabajadores invitados turcos a Alemania en las décadas de 1960 y 1970, explica que «para reclutar y controlar el ingreso de los trabajadores invitados, Alemania estableció un programa de reclutamiento de gobierno a gobierno». Sin embargo: alrededor de la tercera parte de quienes figuran registrados como que usan el auspicio oficial no fueron extraídos de las listas de espera de las oficinas laborales conjuntas turco-alemanas, sino que fueron nominados por empresas en Alemania sobre la base de recomendaciones hechas por parientes o amigos de los que ya estaban empleados allá (1992, p. 184). Esta práctica de reclutamiento favorecía en particular a los inmigrantes de las áreas rurales de Turquía, que «cuentan con redes sociales más efectivas para la organización de la cadena migratoria que los residentes de las grandes áreas urbanas» (1992, p. 179). El análisis de Wilpert revela que las redes de migrantes alentadas originalmente por la política alemana de trabajadores invitados, y usada por las compañías germanas para reclutar trabajadores, continuaron jalando nuevos inmigrantes después de que la migración turca quedara prohibida en 1973. Asimismo, sugiere que «el 107
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