Paco Yunque; Ashaninka - Español

61 Todos los niños miraron ansiosamente a Humberto Grieve, que salió pavoneándose a pararse muy derecho y orgulloso delante del pupitre del profesor. El Director le dio la mano, diciéndole: —Muy bien, Humberto Grieve. Lo felicito. Así deben ser los niños. Muy bien. Se volvió el Director a los demás alumnos y les dijo: —Todos ustedes deben hacer lo mismo que Humberto Grieve. Deben ser buenos alumnos como él. Deben estudiar y ser aplicados como él. Deben ser serios, formales y buenos niños como él. Y si así lo hacen, recibirá cada uno un premio al fin del año y sus nombres serán también inscritos en el Cuadro de Honor del Colegio, como el de Humberto Grieve. A ver si la semana que viene, hay otro alumno que dé una buena clase y haga un buen ejercicio, como el que ha hecho hoy Humberto Grieve. Así lo espero. Se quedó el Director callado un rato. Todos los alumnos estaban pensativos y miraban a Humberto Grieve con admiración. ¡Qué rico Grieve! ¡Qué buen ejercicio había escrito! ¡Ese sí que era bueno! ¡Era el mejor alumno de todos! ¡Llegando tarde y todo! ¡Y pegándole a todos! ¡Pero ya lo estaban viendo! ¡Le había dado la mano al Director! ¡Humberto Grieve, el mejor de todos los del primer año! El Director se despidió del profesor, hizo una venia a los alumnos, que se pararon para despedirlo, y salió. El profesor dijo después: —¡Siéntense! Un traqueteo de carpetas y todos los niños estaban ya sentados. El profesor ordenó a Grieve: —Váyase a su asiento. Humberto Grieve, muy alegre, volvió a su carpeta. Al pasar junto a Paco Fariña, le echó la lengua. El profesor subió a su pupitre y se puso a escribir en unos libros. Paco Fariña le dijo en voz baja a Paco Yunque: —Mira al señor, que está poniendo tu nombre en su libro, porque no has presentado tu ejercicio. ¡Mírale! Te van a dejar ahora recluso y no vas a ir a tu casa. ¿Por qué has roto tu cuaderno? ¿Dónde lo pusiste?

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