62 Paco Yunque no contestaba nada y estaba con la cabeza agachada. —¡Anda! —le volvió a decir Paco Fariña—. ¡Contesta! ¿Por qué no contestas? ¿Dónde has dejado tu ejercicio? Paco Fariña se agachó a mirar la cara de Paco Yunque y le vio que estaba llorando. Entonces lo consoló, diciéndole: —¡Déjalo! ¡No llores! ¡Déjalo! ¡No tengas pena! ¡Vamos a jugar con mi tablero! ¡Tiene torres negras! ¡Déjalo! ¡Yo te regalo mi tablero! ¡No seas zonzo! ¡Ya no llores! Pero Paco Yunque seguía llorando agachado.
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