47 Paco Fariña le dijo a Humberto Grieve: —No. Porque el señor lo ha puesto aquí. —¿Y a ti qué te importa? —le increpó Grieve violentamente, arrastrando a Yunque por un brazo a su carpeta. —¡Señor! —gritó entonces Fariña—, Grieve se está llevando a Paco Yunque a su carpeta. El profesor cesó de escribir y preguntó con voz enérgica: —¡Vamos a ver! ¡Silencio! ¿Qué pasa ahí? Fariña volvió a decir: —Grieve se ha llevado a su carpeta a Paco Yunque. Humberto Grieve instalado ya en su carpeta con Paco Yunque, le dijo al profesor: —Sí, señor. Porque Paco Yunque es mi muchacho. Por eso. El profesor sabía esto perfectamente y le dijo a Humberto Grieve: —Muy bien. Pero yo lo he colocado con Paco Fariña, para que atienda mejor las explicaciones. Déjelo que vuelva a su sitio. Todos los alumnos miraban en silencio al profesor, a Humberto Grieve y a Paco Yunque. Fariña fue y tomó a Paco Yunque por la mano y quiso volverlo a traer a su carpeta, pero Grieve tomó a Paco Yunque por el otro brazo y no lo dejó moverse. El profesor le dijo otra vez a Grieve: —¡Grieve! ¿Qué es esto? Humberto Grieve, colorado de cólera, dijo: —No, señor. Yo quiero que Yunque se quede conmigo. —Déjelo, le he dicho. —No, señor. —¿Cómo?
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx