48 —No. El profesor estaba indignado y repetía, amenazador: —¡Grieve! ¡Grieve! Humberto Grieve tenía bajos los ojos y sujetaba fuertemente por el brazo a Paco Yunque, el cual estaba aturdido y se dejaba jalar como un trapo por Fariña y por Grieve. Paco Yunque tenía ahora más miedo a Humberto Grieve que al profesor, que a todos los demás niños y que al colegio entero. ¿Por qué Paco Yunque le tenía tanto miedo a Humberto Grieve? Porque este Humberto Grieve solía pegarle a Paco Yunque. El profesor se acercó a Paco Yunque, le tomó por el brazo y le condujo a la carpeta de Fariña. Grieve se puso a llorar, pataleando furiosamente en su banco. De nuevo se oyeron pasos en el patio y otro alumno, Antonio Gesdres —hijo de un albañil—, apareció a la puerta del salón. El profesor le dijo: —¿Por qué llega usted tarde? —Porque fui a comprar pan para el desayuno. —¿Y por qué no fue usted más temprano? —Porque estuve alzando a mi hermanito y mamá está enferma y papá se fue a su trabajo. —Bueno —dijo el profesor, muy serio—. Párese ahí… Y, además, tiene usted una hora de reclusión. Le señaló un rincón, cerca de la pizarra de ejercicios. Paco Fariña se levantó entonces y dijo: —Grieve también ha llegado tarde, señor. —Miente, señor, —respondió rápidamente Humberto Grieve—. No he llegado tarde. Todos los alumnos dijeron en coro: —¡Sí, señor! ¡Sí, señor! ¡Grieve ha llegado tarde! —¡Psch! ¡Silencio! —dijo malhumorado el profesor y todos los niños se callaron. El profesor se paseaba pensativo.
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