Mujeres peruanas. El otro lado de la historia 80 ojotas de lana blanca. Tampoco existieron tabúes como la virginidad que, por el contrario, fue considerada como ndice de poco atractivo sexual. Los llamados huacos er ticos, pertenecientes a las culturas Moche y Vicus, muestran distintas posiciones coitales, caricias ntimas, y masturbaci n masculina. No existe representaci n de masturbaci n femenina, y muy pocos casos de homosexualidad que al parecer estuvo castigada. Por el contrario, se rindi culto a la fertilidad, simbolizada por las Cuchimilcos, peque as figuras femeninas con los pechos y la vulva muy se alados, similares a la Venus esteatopigia. La existencia de un culto fálico tiene expresiones en huacos de penes de enorme tama o, que probablemente tuvieron carácter mágico-religioso, y en monumentos de falos en erecci n sobre una base cuadrada de piedra, como el que perdura en Sillustani, Puno. Hubo tambi n “personas fálicas”, penes que debajo del glande tenan dibujado el rostro de un hombre, e incluso huacos humorsticos, cuyo pico representa un rgano sexual. La forma más común de su uso era hacer que una persona bebiera de un pene o de una vulva. En la mayor a de estas representaciones, hombres y mujeres permanecen con los ojos abiertos durante el acto sexual. Aspecto que Bronislaw Malinowski trata en su estudio sobre la vida sexual de los salvajes del noroeste de la Melanesia, quienes otorgaban gran importancia al sentido de la vista durante la uni n sexual, al extremo de sentenciar que “si el hombre cierra los ojos no será capaz de la c pula”95. Julio C. Tello estudi una fiesta Moche llamada Acataymita, en celebraci n de la fertilidad en el mes de diciembre, coincidiendo con la maduraci n de los frutos. Hombres y mujeres permanecan desnudos durante cinco das absteni ndose de ingerir alimentos condimentados, chicha y de tener relaciones sexuales. Al llegar el sexto da, se coma y beba copiosamente y, en el clmax de la celebraci n, las mujeres corran al cerro más cercano seguidas por los hombres, quienes podan tener relaciones sexuales con la primera que encontraban. As mismo, anualmente se celebraba una fiesta en la que pon an dos troncos coronados con bolos hechos de ichu. Uno serv a de blanco para los hombres y el otro para las mujeres. 95 Bronislaw Malinowski. La vida sexual de los salvajes del Noroeste de la Melanesia. Madrid, 1971.
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