Mujeres peruanas : el otro lado de la historia

Sara Beatriz Guardia 73 Acllas. Tejedoras del Imperio Desde pocas que se remontan al Precerámico el tejido tuvo un significado particular en las culturas andinas. Alcanz un gran desarrollo en la t cnica del hilado y no solo sirvi para vestir al pueblo, los sacerdotes, los guerreros y la nobleza, sino que constituy un elemento importante en todas las etapas de la vida, y tambi n en la muerte: a los difuntos se les cubra con ropa nueva y se incluan en el fardo funerario varios mantos. Tuvo, además, un valor ritual que se observa en escenas de batallas representadas en la cerámica mochica, donde los prisioneros aparecen desnudos, y cuyas ropas y armas les han sido despojadas por el vencedor. En efecto, la “arqueolog a demuestra que el intenso inter s y la obvia preocupaci n por lo textil perduraron milenios, iniciándose mucho antes del surgimiento de los inka”70. “… para aclarar la identificaci n simb lica de persona y prenda: dentro de los ocho das despu s de la muerte, los parientes y amigos celebran el p’acha-táqsay, es decir el lavado ceremonial de toda la ropa del finado, para salvar el peligro de que el muerto regrese si alguna se queda sin lavar. En la hacienda Sallaq el lavado lo hacen personas que no son parientes y la ceremonia se lleva a cabo al da siguiente despu s del entierro. En esa zona el octavo d a se dedica a la apertura pública del bulto de prendas de vestir”71. El algod n y la lana de los auqu nidos fueron las fibras básicas, y la calidad y la ornamentaci n marcaban la diferencia y rango. As, la ropa del Inca confeccionada por las mujeres de la nobleza, constitu a una obra de arte: mantos suaves adornados con hilos de oro, plumas, conchas y encajes de algod n. “El cumbi solamente era usado por la nobleza incaica o por personas que lo reciban como un regalo del Inca, mientras que el pueblo vest a awasqa. Tambi n el tejido cumpli funciones en t rminos de reciprocidad entre el estado y los pobladores. Tal fue su importancia que despu s de derrotapartes y desde tiempos antiguos las capullanas heredaban los cacicazgos”. Francisca Mesoco era gan el juicio y el cacicazgo de Narigualá, pero al casarse con Juan Temoche perdi este derecho (Maria Rostworowsky. Curacas y sucesiones Costa Norte. Lima, 1961, p.31). 70 John Murra. Ob.Cit., 1975, p. 146. 71 Ib dem, p. 153.

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