Mujeres peruanas : el otro lado de la historia

Mujeres peruanas. El otro lado de la historia 72 acompa ado a su t o Francisco Pizarro cuando ingres a Cajamarca y tom prisionero a Atahualpa, relata que acompa aban al Inca 40 se oras a las que l llama “hermanas” que eran servidas por hijas de los caciques del Imperio. Juan Diez de Betanzos, que en 1551 fue uno de los primeros en escribir la cr nica de los Incas, las llam “i aca”, se ora, aunque “los diccionarios antiguos no son muy claros respecto a este punto”65. Fueron definidas como hermanas o hijas, “nobles de privilegio”66 y cumplieron una importante funci n. Tambi n Guaman Poma y Murúa se refieren a la posici n de las mujeres nobles. Tuvieron influencia poltica, pero al parecer carecieron de fuerza67. Otros, sostienen que durante un ataque de los chancas al Cusco, una mujer noble llamada Cha an Curi Coca estuvo a la cabeza del ej rcito. Sarmiento de Gamboa relata c mo la curaca Cha an Cury Coca, perteneciente a los ayllus de Choco y Cachona brind ayuda a los cusque os amenazados por los chancas. Es el único personaje femenino del que hay referencias expl citas respecto de su epis dica participaci n, tangencial a los elementos esenciales que aparecen en los textos sobre la guerra de los chancas68. Las mujeres nobles y las sacerdotisas tuvieron un elevado status y eran respetadas, basta se alar que durante el conflicto entre Huascar y Atahualpa, los únicos lugares del Cusco que no participaron del conflicto fueron el Templo del Sol y los Acllahuasis. Posteriormente, existen algunas referencias de mujeres con poder, llamadas las capullanas, que vivieron en el villorio de los indios Tallanes, en la regi n de Piura. Al igual que el padre Antonio de la Calancha, Fray Buenaventura Salinas relata que Pizarro en su primer viaje a Tumbes recibi a la capullana del lugar, quien despu s lo agasajo con banquetes y fiestas69. 65 Tom Zuidema. “Las se oras i aca en la sociedad inca”. Divinas y Humanas. Lima, 2005, p. 38. 66 Ib dem, p. 42. 67 Elinor G. Burkett. “Las mujeres indgenas y la sociedad blanca: El caso del Perú del siglo XVI”. Asunci n Lavrin. Las mujeres Latinoamericanas. Perspectivas Históricas. M xico, 1985, p.126. 68 Max Hernández et alt. Ob. Cit., Lima, 1996, p. 42. 69 Un documento de 1905 trata de la demanda que entabl Francisca Mesoco era, ante Francisco Montalvo, Protector General de Naturales, contra la legitimidad del t tulo de Cacique de Narigualá que ostentaba Francisco Mesoco era, posiblemente su hermano. Durante el juicio varios testigos declararon que hab a sido costumbre en el repartimiento de Narigualá y en otras provincias que las capullanas heredaran los cacicazgos. As, “en el pueblo de Colán, gobern do a Luisa; en Sechura, do a Isabel; en Catacaos do a Leonor; y en las demás

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