Mujeres peruanas. El otro lado de la historia 42 La influencia de la cultura Mochica perdur hasta el primer siglo de la conquista. Tal como se ala Paul Rivet, un texto religioso publicado por Ger nimo de Ore, y reproducido en parte por Raoul de la Grasserie, consigna varias oraciones cristianas en lengua mochica: A can sancta Crucer oc. Muxhxllangmuse, muchquich. Ef con ofmollpuc, Dios muchciec, Efe, Eis, spiritusanctooquenic Por la se al de la santa Cruz, de nuestros enemigos lbranos se or Dios Nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espritu Santo. Amen43. La Señora de Cao El arquelogo Rgulo Franco Jordán luego de varios aos de investigaci n, descubri en el 2006 un fardo funerario de una mujer de la lite Mochica, a la que llamaron Se ora de Cao. La tumba fue hallada en el centro ceremonial de Cao Viejo, ubicado en el complejo arqueol gico El Brujo, distrito de Magdalena de Cao, en el departamento de La Libertad, a 700 kil metros al norte de Lima. Se trata de una mujer que al parecer desempe un destacado rol religioso y posiblemente poltico. Las paredes del patio donde fue depositada la tumba están pintadas con dise os geom tricos y un ser sobrenatural de rasgos felinos y tentáculos de pulpo, rodeado de c ndores y serpientes. La tumba de la Se ora de Cao fue encontrada herm ticamente cerrada con troncos de algarrobo acompa ada de otros tres entierros de hombres que fallecieron entre 50 y 100 a os antes que ella, probablemente parientes o sacerdotes. Estaba envuelta en varios mantos que guardaban cuatro coronas de oro, una de las cuales ten a la representaci n de un felino. Cubr a su rostro un plato dorado y llevaba finos collares de piedras preciosas, aretes, narigueras de figuras antropomorfas, y un cetro ceremonial de madera y oro. Cerca se encontraron husos para tejer, vasijas de cerámica, y adornos de plata y cobre dorado. A pesar de haber permanecido enterrada 1,700 a os, la Se ora de Cao estaba bien conservada lo que ha permitido 43 Paul Rivet. “Les langues de l’ancient Diocèses de Trujillo”. Journal de la Soci t des Am ricanistes. Paris, 1949, p. 14.
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