Mujeres peruanas : el otro lado de la historia

Sara Beatriz Guardia 43 conocer que media 1.45 y que muri cuando tena entre 25 y 30 a os de edad. Tambi n que hab a tenido al menos un hijo. Pero lo que más llam la atenci n, fueron los tatuajes mágico-religiosos representando serpientes y ara as y otros smbolos en brazos, manos, piernas, pies y dedos de la Se ora de Cao. Además de tener un gran valor iconográfico, las 44 narigueras con las que fue enterrada son piezas de delicada orfebrera, que combinan dos metales, oro y plata, o cobre y cobre dorado, smbolo del concepto de dualidad esencial para los antiguos pobladores de la costa peruana. Las narigueras cubr an su boca, confiriendo divinidad a lo que saliera de ella, y dos estaban colocadas dentro. El fardo que pesaba 120 kilos, tena dibujado un rostro humano en la capa exterior a la altura de la cabeza. Una de las telas que envolvan a la Se ora de Cao era un tejido continuo de más de 70 metros, que le daba 48 vueltas al cuerpo. Un cuenco de metal que haba sido colocado sobre su rostro, conten a cinabrio (sulfuro de mercurio), el mismo polvo rojizo que utilizado para preservar su cuerpo. La Sacerdotisa de San Jos de Moro En 1991, el arque logo Luis Jaime Castillo descubri en San Jos de Moro, un centro ceremonial y cementerio Mochica en la costa norte peruana, la tumba de una sacerdotisa que tuvo un papel destacado en la sociedad Mochica tarda, enterrada con muchas ofrendas, y cuya vestimenta y tocado son id nticos a las figuras mochicas de una sacerdotisa que oficiaba la Ceremonia del Sacrificio, representaci n de los derrotados en los combates, prisioneros y luego sacrificados. La sangre de estos guerreros era entregada por la sacerdotisa que llevaba la “Copa del Sacrificio”. El descubrimiento de entierros ceremoniales permiti contribuir con una importante informaci n acerca de los Mochicas, de sus creencias y rituales. Los más importantes encontrados en San Jos de Moro. La Tumba de la Sacerdotisa se encontraba a más de seis metros de profundidad, en un ataúd de forma rectangular cubierto de discos de metal a cuyos costados se haban cosido placas de cobre y plata en forma de piernas y brazos, y a la altura de la cara una gran máscara antropomorfa. “La sacerdotisa de aproximadamente 40 a os llevaba

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