Sara Beatriz Guardia 393 de poder al interior de la familia y la sexualidad. Para Kate Millet, la relaci n entre los sexos es una relaci n de poder, sintetizada en su c lebre afirmaci n: “Lo personal es poltico”. Pero lo interesante de esta corriente del feminismo no solo radicaba en sus obras te ricas, sino en la organizaci n de grupos de autoconciencia donde las mujeres empezaron a contar sus propias experiencias. Lo que origin la capacidad de verse a s mismas, y nuevas formas de solidaridad entre mujeres que impulsar an aún más su desarrollo. Según Joan W. Scott, escribir la historia del feminismo no significa escoger entre la estrategia de la igualdad o de la diferencia, como si sta pudiera resolver todas las contradicciones vividas. Una historia del feminismo debe ser, “la historia de las mujeres (y de algunos hombres) constantemente inmersos en la resoluci n de los dilemas que enfrentan”9. A partir de la d cada del ochenta y noventa se inici un nuevo orden signado por el triunfo de lideres de la derecha, el agotamiento de las ideolog as, la disoluci n de la Uni n Sovi tica, la debacle del socialismo en los pa ses de Europa del Este, y el liderazgo econ mico, pol tico y militar de Estados Unidos. Esto origin la formaci n de bloques geopolticos encabezados por Estados Unidos, pases de Europa y de Asia, mientras frica y Amrica Latina quedaban en la periferia bajo el impulso de pol ticas de desregulaci n, privatizaci n y disminuci n del rol del Estado en la producci n. Poltica que no ha solucionado el desempleo, ni la desarticulaci n de los procesos productivos, y mucho menos la grave crisis de distribuci n del ingreso que explica los profundos abismos sociales que se dan10. En ese contexto, el trabajo de las organizaciones femeninas y feministas respondi a la incorporaci n creciente de la mujer al mercado del trabajo antes predominantemente masculino. Entre 1961 y 1981, la tasa de crecimiento de la Poblaci n Econ micamente Activa Femenina alcanz el 70% superando largamente la tasa de crecimiento masculina11. Sin embargo, se trataba de un trabajo donde las mujeres eran “la mayor a 9 Joan Wallach Scott. A cidadã paradoxal: as feministas francesas e os direitos do homem. Florian polis, 2002. 10 Agust n Haya de la Torre. La restauración neoliberal. Lima, 1994, p. 83. 11 Virginia Guzmán, Patricia Portocarrero. Dos veces mujer. Lima, 1985.
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