Mujeres peruanas : el otro lado de la historia

Sara Beatriz Guardia 349 de expresi n genuinamente nacional. Son los a os del surrealismo, de la “Quimera de Oro” de Chaplin y de “El acorazado Potemkin” de Eisenstein. Las mujeres no piden permiso para ser escuchadas, proclaman su derecho a ser escuchadas. Cambian el suave vals por el charlest n, se cortan los cabellos y se despojan de sus largos trajes. “En vano, - dice Mar a Wiesse - han vociferado los moralistas contra la mutilaci n del cabello femenino y contra la falda, que descubre toda la pierna (...) En vano los poetas han llorado sobre “las trenzas de oro o de bano”, que ca an al suelo bajo la tijera cruel. (...) En este siglo de campeonas de tenis y nataci n, de chauffeuses, electoras, oficinistas, periodistas y abogadas, resultaban anacr nicos e inc modos el cabello y el traje largo”25. 26 Es fácil comprobar, escribe Victoria Ocampo, que hasta ahora la mujer ha hablado muy poco de s misma, directamente26. Pero en la revista Amauta las mujeres escribieron de s mismas transgrediendo el mon logo masculino, algo que ya haban iniciado las mujeres ilustradas de finales del siglo XIX. Constituyeron un grupo de avanzada que busc transformar la condici n de la mujer desde diferentes concepciones y diversos caminos. Me refiero a Dora Mayer de Zulen, Mar a Wiesse, Magda Portal, Carmen Saco, Julia Codesido, ngela Ramos, Miguelina Acosta Cárdenas, Blanca del Prado, Mar a Isabel Sánchez Concha de Pinilla y Teresa Carvallo27. 2728 Sin embargo la vida cotidiana de la inmensa mayor a de mujeres transcurra en el ámbito dom stico, sometidas a los lmites de una educaci n sentimental. Pablo y Virginia, la novela de moda entonces, produce intensas reacciones en estas rebeldes que sucumben con el “cuerpo sacudido por los sollozos y el rostro ba ado en lágrimas”28. Ah que la vie est quotidienne!, exclama Mar a Wiesse en “Peque as prosas”, al describir el ritual dominguero. En otro artculo traza con particular ingenio las ilusiones p rdidas de una mujer que sue a con encontrar “el alma gemela”: 29. “Todos los das al atardecer, cuando el cielo deja caer rosas sobre la tierra y el mar es como una inmensa copa de vino, viene esa se ora gor25 Amauta No. 4. Lima, diciembre de 1926, p. 11. 26 Victoria Ocampo (1890-1979). “La mujer y su expresi n”. Sur. No. 11, Buenos Aires, 1935. 27 Sara Beatriz Guardia. José Carlos Mariátegui. Una visión de género. Lima, 2006, p. 65. 28 Amauta No. 16. Lima, julio de 1928, p. 28.

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