Mujeres peruanas. El otro lado de la historia 350 da a sentarse a la playa. La playa está silenciosa y solitaria; las parejas flirtean bajo los parasoles rayados se han ido a algún casino, a tomar t y a bailar, los chiquillos construyen castillos y fuertes de arena”. Aparece un nuevo v nculo entre hombres y mujeres que no conocieron otras generaciones: la camaradera. Sentimiento, agrega Wiesse, que no es romántico ni lo adornan los matices de la amistad, que tan fácilmente se torna “amorosa”, pero que tiene la lozana y la frescura de una planta silvestre. Tampoco guardaron discreto silencio frente al divorcio. En un artculo titulado “El poeta de los ojos dorados”, ngela Ramos, hizo pública confesi n de su separaci n y posterior divorcio: “Yo era una mujer d bil y cursi como todas las demás con una almita tenue y azulada en la que todava quedaban rezagos del convento, la dulzura de los cánticos celestiales y la vaguedad en espiral del incienso. Y as como hay mujeres a las que solo las dominan los galones y el bigotito de un alf rez, hay otras que caen con un soneto”. (…) Mujeres, (advierto que no es una proclama) Desconfiad mucho de los hombres que ponen su nombre, su coraz n y su lira a vuestras plantas, porque llegará el da en que pondrán las plantas en vuestras caras, no para pegaros (con las manos basta) sino para pediros que les lustr is los chuzos(...) ¡Qu pronto se descubren los hombres! Las mujeres esconden las u as durante más tiempo, siquiera hasta que se acostumbren a nosotras y les cueste trabajo abandonarnos (...) D cil a la tiran a del ba o, del almuerzo y de las camisas, termin por reemplazar a la cocinera y a la lavandera en las grandes solemnidades (...) Yo deb a tener la cara de resignaci n estúpida con que representan en algunos espantosos cromos a la Virgen de los Siete Dolores. Y mientras mayor era mi resignaci n, suba la marea de sus exigencias: de fregona de adorno pas a ser fregona obligatoria. Ahora exiga medias limpias y menú variado todos los das y en cuanto a camisas era más tirano que Mussolini, porque ste se conforma con su camisa negra”29.30 Encontramos en este discurso de manera recurrente opiniones sobre la relaci n entre los sexos, referencia a los problemas que enfrentaba el pas 29 Amauta No. 4. Lima, diciembre de 1926, p. 33.
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