Mujeres peruanas : el otro lado de la historia

Mujeres peruanas. El otro lado de la historia 340 La vida que me diste En “Italia, el amor y la tragedia pasional”, Mariátegui se pregunta si el amor merece ser tan tropicalmente sentido y tan altamente valorizado, y se ala que “la vida ense a que el amor no representa en ella lo más trascendental, y mucho menos representa lo único trascendental como les parece a los enamorados en estado febril”. No obstante, y aunque declara expresamente que l opta “en trances de amor por la moderaci n y la prudencia”, admira y quiere “a Italia sobre todas sus virtudes y excelencias por su capacidad de amar con locura”. “Porque, despu s de todo, agrega, es necesario que haya en el mundo quien sepa amar con herosmo y sin ponderaci n, medida ni apasionamientos. De otra manera, el mundo sera de una aburrida y detestable monoton a espiritual”56. Su anhelo de vivir el amor está expresado en “Reflexiones sobre Florencia”, luego de un paseo que hace a la Piazzale Michelangelo a contemplar la luna. “Pienso en seguida, que debe ser agradable estar enamorado esta noche. Lo mismo piensa, sin duda alguna, la inglesa que tan pertinazmente mira la luna. Yo deber a enamorarme de la inglesa por algunos momentos. Pero no es posible, ni siquiera por algunos momentos enamorarse de una mujer que mira la luna con sus impertinentes. No es posible ni razonable”57. Es precisamente en Florencia, donde Mariátegui conoce el amor con Anna Chiappe, a quien en emocionado homenaje le dedica un poema titulado “La vida que me diste”, publicado en Poliedro, el 20 de setiembre de 1926: “Renac en tu carne cuatrocentista como la de “La Primavera de Botticelli. Te eleg entre todas, porque te sent la más diversa y la más distante. Estabas en mi destino. Eras el designio de Dios. Como un batel corsario, sin saberlo buscaba para anclar la rada más serena. Yo era el principio de muerte, tú eras el principio de vida. Tuve el presentimiento de ti en la pintura ingenua del cuatrocientos. Empec a amarte antes de conocerte, en un cuadro primitivo. Tu salud y tu gracia antiguas esperaban mi tristeza de sudamericano pálido y cence o. Tus rurales colores de doncella de Siena fueron mi primera 56 Mariátegui. “Italia, el amor y la tragedia personal”. Cartas de Italia, 1991, p. 209. 57 Mariátegui. “Reflexiones en Florencia”. Cartas de Italia, 1991, p. 211.

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