Mujeres peruanas. El otro lado de la historia 338 la emocional actitud de la danzarina. (...) Norka descendi la grader a y se hinoj en una actitud de profundo abatimiento. Su cuerpo se dobl sobre sus rodillas y su cabellera le cubri totalmente el rostro. Norka simulaba una de las estatuas doloridas de los mausoleos. Despu s, advertido esto por el se or Valega, se puso t rmino a este acto esencialmente art stico, en virtud de la conveniencia de evitar tergiversaciones. Norka permaneci varios segundos postrada en tierra y los asistentes continuaron inm viles, y en mudo y solemne recogimiento. Pasado un instante, la danzarina se levant del suelo y llor profundamente impresionada. Los concurrentes se acercaron a ella y la rodearon en silencio”. En “El Tiempo” del 8 de noviembre, ella dice: “Guardo de la cárcel de Santo Tomás el más penoso recuerdo. Sin respetarse mi condici n de mujer delicada y de artista accidentalmente llevada all se me quiso oprimir por el rigor de las prácticas conventuales que rigen en ese establecimiento”. Se ala que en los “dos primeros d as no prob bocado porque me repugnaba el rancho que las monjas me ofrec an, una mezcla indefinible de agua pan y carne”. Pero reconoce que la madre superiora parec a bondadosa, aunque sus “subalternas - que eran las que estaban en contacto conmigo- se deleitaban en hacerme sufrir”50. Las afirmaciones de Norka Rouskaya originaron una investigaci n de las condiciones de la cárcel de mujeres, y la madre superiora tuvo que mostrar los cuartos del vetusto edificio. Durante varios das se celebraron misas en la Catedral y en el Cementerio, mientras que en la Cámara de Diputados defensores y detractores se enfrentaron en una enconada discusi n que puso en rid culo a la clase pol tica. Para Jos Carlos Mariátegui, la prisi n tuvo un significado trascendental, y fue “el pretexto para que el proceso de transformaci n que se vena operando en l empezara a manifestarse plenamente”51. En medio de la grita, se levanta su voz en un alegato tico formulado con intensa sinceridad y dolor titulado: “El asunto de Norka Rouskaya. Palabras de justificaci n y de defensa”: “Yo le juro a la ciudad, por el santo nombre de Dios que ha sido constante mi escudo, mi broquel y mi bandera, que es la verdad la que estas 50 El Tiempo. Lima, 8 de noviembre de 1917 51 Guillermo Rouillon. La creación heroica de José Carlos Mariátegui”. Lima, 1975, p. 196.
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