Mujeres peruanas : el otro lado de la historia

Sara Beatriz Guardia 337 a la superficie; pues, un acto como el que acaba de realizar un pu ado de nuestra florida o marchita juventud no se lleva a t rminos sin que antes se hayan perdido todas las nociones de moral y hasta de hombr a de bien”47. La polica detuvo a Norka Rouskaya y la condujo a la cárcel de Santo Tomás; mientras que a Mariátegui lo llevaron a la cárcel de Guadalupe. Solo entonces algunos diarios, como La Cr nica y El Tiempo, intentaron mostrar lo ocurrido con mayor serenidad. “La Cr nica” calific de ridculo el alboroto que haba suscitado el asunto: “De esta humorada en que no ha habido seguramente otra cosa que snobismo, chifladura, y mentecatada, se ha hecho un crimen enorme cuando ni siquiera tiene el m rito de la novedad, puesto que otras bailarinas han hecho cosas semejantes”48. La misma Norka Rouskaya relat la experiencia vivida en una entrevista que public La Prensa, el 6 de noviembre: “Caminábamos lentamente. De repente, en una explanada que está despu s de la Capilla, uno de mis acompa antes principi a tocar la Marcha Fúnebre de Chopin, en viol n. Entonces yo me sent agitada de una emoci n extraordinaria y di unos pasos siguiendo el ritmo. Alc los brazos a Dios y despu s me arroj al suelo, llorando desesperadamente. Senta en mi alma en ese momento, todo el dolor de mi vida, todo el dolor del mundo y no pude seguir”49. Mientras que “El Tiempo”, diario en el que trabajaba Mariátegui, sale al frente con un art culo titulado “La versi n exacta del hecho”: “Apareci Norka Rouskaya en lo alto de la grader a y vestida de blanco, con la cabellera suelta y en una sublime actitud invocativa. Dos guardianes se aprestaron a encender sendas velas y alumbraron el rostro de la bailarina. Cáceres continu ejecutando la admirable pieza religiosa de Chopin, sobre cuya fúnebre armona Norka interpret varios instantes de supremo dolor. El momento fue de hondo y fervoroso recogimiento. Todos los asistentes permanecieron en silencio, henchidos de emoci n y fijas sus miradas en 47 La Uni n. Lima, 6 de noviembre de 1917. 48 La Cr nica. Lima, 6 de noviembre de 1917. 49 La Prensa. Lima, 6 de noviembre de 1917.

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx