Mujeres peruanas : el otro lado de la historia

Sara Beatriz Guardia 329 milagro de blancura entre la brillante suntuosidad de los terciopelos”. Pero el invierno tambi n supone un cambio en el vestir y en las costumbres que Mariátegui advierte con nostalgia por la p rdida de libertad: “Acaso os parece más seria, más grave, vuestra alegre amiga, más alegre todava entre los vaporosos trajes de verano. Vosotros que las visteis en un balneario, con los rizos meci ndose al impulso de la brisa, o jugueteando entre las olas del mar; vosotros que las visteis jugando con se orial distinci n el “tenis”; ense ando, merced a las peripecias del juego, el nacimiento de las piernas finas (...) no os acercáis ahora a ellas con el mismo desenfado, con la misma frescura con que antes lo hac ais”21. Pero la mujer tambi n le suscita otras interrogantes a Juan Croniqueur, quien se pregunta con inquietud, ¿Por qu el destino habla siempre por labios de mujer? ¿Qu rec nditos designios han convertido a las mujeres en depositarias o interpretes de los oráculos?. No existe respuesta. S lo, quizá, la “raz n secreta”, sea “la afinidad entre el alma sospechosa y aleve de la mujer y el misterio del Destino”22. Sin embargo, dos cr nicas escritas en 1914 y 1915, reflejan con mayor vehemencia los valores conservadores de la sociedad lime a que entonces Mariátegui adher a. El 21 de junio de 1914, en la revista “Mundo Lime o”, se ala que se dirige a las lectoras más por sugerencia de los directores de la publicaci n que seducido por convertirse en comentador “de cosas femeniles”; y confiesa su temor de “no saber dar a estas cr nicas la ligera, la risue a amenidad” destinada a la mujer, y que lo “asusta la posibilidad” de que parezcan “demasiado serias, cansadas y empalagosas nuestras divagaciones”: “Porque para nosotros, lectora, lo sesudo, lo meditativo, lo grave, no debe tener cabida en cabecitas hechas para albergar ilusiones y ensue os volanderos, y amamos tanto a las que s lo saben de la coquetera y la frivolidad como detestamos a las que tienen el mal gusto de engolfarse en el estudio de problemas tremendos y en la soluci n de áridas y groseras cuestiones. 21 Mariátegui. “Por esas calles”. Escritos Juveniles, Tomo II, p. 18. 22 Mariátegui. “El destino, las gitanas y la clarividencia de la mujer”. Escritos Juveniles, Tomo II. p. 135.

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