Mujeres peruanas. El otro lado de la historia 328 En sus cr nicas y art culos de esos a os, cuando era conocido como Juan Croniqueur, es posible advertir tambi n un marcado inter s por la vida cotidiana. Sin embargo, lo más significativo de esta etapa es el malestar que le produce la situaci n del pas. En 1918, enfatiza: “Si yo me gobernara, en vez de que gobernara la miseria del medio, yo no escribira diariamente, fatigando y agotando mis aptitudes, art culos de peri dico. Escribir a ensayos art sticos o cient ficos más a mi gusto”17. La disconformidad ante la mediocridad del medio motiva en Mariátegui una actitud de rebeli n inmediata18, expresada en el análisis de la realidad, la disciplina, el m todo, y el acento en la virtud y la tica. “Me enorgullece, dice, mi juventud porque es sana y honrada y porque conserva esta gran virtud de la sinceridad”. Y a ade, “ninguna influencia me ha malogrado. Mi producci n literaria desde el da en que siendo ni o escrib el primer art culo ha sido rectil nea y ha vibrado en ella siempre el mismo esp ritu”19. Entre 1911 y 1916, diez artculos y doce entrevistas expresan la visi n del ideal hegem nico de la mujer de comienzos del siglo XX. Tambi n los personajes femeninos de sus 17 cuentos y dos obras de teatro. En todos las mujeres aparecen pecadoras y vanidosas, y esto es precisamente lo que hace de ellas seres “inútiles y frvolos”, es decir, “adorables”, escribe Juan Croniqueur en “La semana de Dios” publicado en “La Prensa”, en 1912. “Las damas lime as, demuestran claramente su psicologa de pecadoras en esta exteriorizaci n de sus sentimientos religiosos. (...) De la evoluci n femenina, que cada da mayores triunfos conquista, no tendremos aqu seguramente, el afán de las mujeres por obtener el derecho de votar, ni la fiebre por dedicarse a profesiones liberales. Las mujeres lime as, serán siempre, deliciosamente inútiles y frvolas. Y as tambi n, serán siempre adorables”20. Esta mujer “pecadora”, y “deliciosamente inútil”, transita por la ciudad que “tiene un aspecto de silencio y de vaga tristeza”. En su artculo “Por esas calles”, lo sorprende la melancola del invierno y se maravilla ante “las divinas siluetas, los cuerpos admirables de belleza, los rostros que son un 17 El Tiempo. Lima, 27 de junio de 1918, p. 2. 18 Oscar Terán. Discutir Mariátegui. M xico, 1985, p. 21. 19 La Prensa. Lima, 2 de marzo de 1916. 20 Mariátegui. “La semana de Dios”. Escritos Juveniles. Lima, Tomo II, 1991, p. 18.
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