Mujeres peruanas : el otro lado de la historia

Sara Beatriz Guardia 327 Los verdaderos revolucionarios, escribe, no proceden nunca como si la historia empezara con ellos, porque “encarnan la voluntad de la sociedad de no petrificarse en un estadio, de no inmovilizarse en una actitud. A veces la sociedad pierde esta voluntad creadora, paralizada por una sensaci n de acabamiento o desencanto. Pero entonces se constata, inexorablemente, su envejecimiento o su decadencia”13. “La historia la hacen los hombres pose dos e iluminados por una creencia superior, por una esperanza super –humana; los demás hombres son el coro an nimo del drama. La crisis de la civilizaci n burguesa apareci evidente desde el instante en que esta civilizaci n constat su carencia de mito”14. Es en esa perspectiva que analizar el discurso de Mariátegui en sus tres aspectos constitutivos: a) el proceso desde la adopci n del ideal femenino tradicional y conservador de comienzos de siglo hasta la expresi n de una postura distinta en la d cada del veinte; b) su defensa de los derechos pol ticos y sociales de las mujeres; c) y su intento de definir una escritura femenina, a trav s de las mismas voces femeninas. La Edad de piedra Mariátegui defini el per odo de su vida anterior al viaje a Europa como la “Edad de Piedra”. Para l, estos ocho a os de juventud constituyen s lo los primeros tanteos de literato aficionado, y no vacila en afirmar que en su “adolescencia literaria”, se nutri de “decadentismo, modernismo, estetismo, individualismo, escepticismo”15. Si bien esta separaci n corresponde a un evidente “salto de calidad que significa el encuentro con el mundo europeo, en un perodo tan intenso de su historia”16, ubic de manera estática una oposici n entre el joven Mariátegui y el Mariátegui maduro. Entre la “Edad de Piedra” y la etapa posterior al viaje a Europa. Dej incompleta una visi n de conjunto de su obra, de su desarrollo intelectual, cultural y pol tico, y de su propia vida. No se trata, pues, de dividir a Mariátegui en dos per odos, sino de situar su obra en el marco de un proceso, que incluso l mismo reclama cuando sostiene que su pensamiento y su vida constituyen un único proceso. 13 Mariátegui. “Heterodoxia de la tradici n”. Peruanicemos al Perú. Lima, 1970, pp. 118-119. 14 Mariátegui. “El hombre y el mito”. El alma matinal. Lima, 1972, p. 249. 15 Jos Carlos Mariátegui. 7 Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana. “El proceso de la Literatura”. Lima, 1968. p.274 16 Antonio Melis. “Mariátegui y la Cr tica de la Vida Cotidiana”. Ensayos sobre Mariátegui. Simposio de Nueva York, 1980. Lima, 1987, p. 33.

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